El Major Oak, el roble de más de mil años que se yergue en el bosque de Sherwood, en el centro de Inglaterra, murió esta primavera. Lo confirmó la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB, por sus siglas en inglés), la organización conservacionista más grande del Reino Unido, tras observar que el árbol no emitió nuevas hojas en la temporada esperada. La ausencia de follaje fue la señal definitiva.
El árbol tenía alrededor de 1.200 años y era una referencia mundial no solo por su antigüedad, sino por su vínculo con la leyenda de Robin Hood, el mítico forajido que, según la tradición popular inglesa, usaba el bosque de Sherwood como refugio. La figura de Robin Hood, inmortalizada en novelas, películas y series, convirtió al Major Oak en destino turístico y símbolo cultural de Inglaterra.
La RSPB atribuye el deterioro del árbol a una combinación de factores acumulados durante décadas. Por más de un siglo, distintas generaciones de conservacionistas intentaron frenar su envejecimiento natural mediante intervenciones que, paradójicamente, terminaron dificultando su supervivencia. El suelo compactado por millones de visitantes y un sistema radicular progresivamente debilitado comprometieron su capacidad de absorber nutrientes. A eso se sumaron el cambio climático y las olas de calor y sequías más frecuentes de los últimos años, que agravaron su condición.
En su etapa de mayor plenitud, el Major Oak desplegó una copa de 28 metros de diámetro y su tronco alcanzó una circunferencia de 11 metros, dimensiones que lo convirtieron en uno de los robles más fotografiados del mundo. Durante las últimas décadas, se propagaron retoños del árbol en distintos países como forma de preservar su herencia genética.
Aunque ya sin vida, los especialistas señalan que el Major Oak podría mantenerse en pie por un tiempo indeterminado. Sus retoños, distribuidos en varios países, son hoy la continuación biológica del árbol.
