Entre las hileras de parras en Chimbarongo avanza una bandada cuya presencia es parte del manejo agrícola cotidiano: los gansos recorren los surcos y actúan como controladores biológicos en los viñedos de Viña Cono Sur, donde esta práctica se aplica desde hace más de dos décadas.

El método no es decorativo. Según la compañía, los animales comen insectos adultos, consumen maleza que compite con las vides y fertilizan el suelo con su estiércol, fortaleciendo la microbiología del terreno. José Carlos Aguirre, gerente agrícola de Viña Cono Sur, señaló en entrevista con El Desconcierto que "en esos sectores donde los gansos se mueven nunca hemos tenido que hacer un control específico para burros". En la conversación Aguirre atribuye al esquema un efecto transversal que va más allá del control puntual de la plaga.

El insecto objetivo es conocido como burrito de la vid, cuyo nombre científico es Naupactus xanthographus. En su fase larval ataca raíces y, ya adulto, destruye brotes e inflorescencias, lo que puede provocar pérdidas importantes e incluso la muerte de cepas cuando no se controla. Frente a ese riesgo, los gansos detectan y consumen a los adultos antes de que se reproduzcan, lo que permite prescindir de insecticidas de síntesis en esos sectores.

Viña Cono Sur integra esta estrategia dentro de su sistema de producción orgánica, y la práctica está acompañada por medidas de manejo: hay una persona dedicada al bienestar de las aves, porque están expuestas a depredadores como zorros y perros; además, entre junio y la vendimia las aves se trasladan a potreros sin parras para evitar que consuman uvas en maduración. Durante el periodo de receso vegetativo, entre mayo y septiembre, la viña también emplea ovejas para el control de maleza y aporte de abono natural.

En términos nacionales, la iniciativa adquiere relevancia frente a los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que sitúan a Chile en 9,23 kilogramos por hectárea de plaguicidas aplicados, cifra superior al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 2,4 kg/ha. Ese desbalance convierte a prácticas como el control biológico en un punto de interés para políticas públicas y para viñateros que buscan reducir residuos y costos asociados a pesticidas.

El modelo de Cono Sur parece combinar labores de manejo animal, rotación estacional y experimentación técnica. El texto original sobre la medida menciona además que la compañía ensaya sistemas de espalderas altas, pero la información quedó incompleta en la fuente disponible, por lo que no se pudo confirmar cómo se integran esos diseños a la estrategia general.

La experiencia, con más de veinte años de implementación, plantea preguntas sobre su replicabilidad: ¿qué costos laborales y estructurales exige, cómo se controlan los depredadores en parcelas más pequeñas, y qué pasa en predios sin pastizales cercanos para trasladar las aves? Para la viticultura chilena, que combina bodegas tanto familiares como industriales, el interés está en calibrar la técnica a distintas escalas. Mientras tanto, en los surcos de Chimbarongo la bandada cumple su ciclo y evidencia que, en la práctica agrícola, la biodiversidad puede ser una herramienta de manejo tan antigua como eficaz.