Un equipo de la Universidad Andrés Bello dio a conocer el resultado de más de veinte años de investigación en el Pacífico Suroriental, frente a las costas de Chile, que culminó con la formalización científica de un cefalópodo hasta ahora no descrito. El trabajo reúne material de campo y ejemplares conservados en colecciones, y permite asomarse a la complejidad de los ecosistemas profundos que rodean nuestro país.
Los investigadores identificaron y describieron formalmente a Graneledone sellanesi, un octópodo de tamaño mediano que carece de saco de tinta y que durante años pasó inadvertido incluso en colecciones científicas. María Cecilia Pardo, bióloga evolutiva de la Universidad Andrés Bello, enfatiza que el hallazgo no fue un gesto aislado sino el cierre de un largo proceso: "No fue solamente describirlo: aquí lo que se hizo fue descubrir una nueva especie". Pardo explica que observar series de ejemplares fue clave para distinguir rasgos morfológicos que no encajaban con especies ya conocidas.
El descubrimiento, realizado por Pardo junto a Christian Ibáñez, investigador del Departamento de Ecología y Biodiversidad de la Universidad Andrés Bello, ilustra la paciencia y la acumulación de evidencia que exige la taxonomía moderna. "Porque no nos podemos basar en un ejemplar solamente", dice Pardo, y subraya la necesidad de considerar variación intraespecífica antes de tomar decisiones taxonómicas. Esa mirada cuidadosa permitió separar caracteres constantes de rasgos individuales.
Más allá de la curiosidad científica, este caso abre una reflexión sobre lo que aún ignoramos del océano profundo y sobre la velocidad con que alteramos esos hábitats. Estos ambientes, oscuros y sometidos a alta presión, sostienen procesos ecológicos y evolutivos claves para el funcionamiento del planeta. Actividades humanas como la pesca de arrastre de profundidad y las exploraciones para minería de fondos marinos representan amenazas crecientes para comunidades que apenas empezamos a conocer.
El hallazgo de Graneledone sellanesi refuerza la urgencia de ampliar inventarios biológicos, combinar estudios morfológicos y genéticos, y vincular la investigación con políticas de conservación marina. Para los científicos de la Universidad Andrés Bello, el siguiente paso es ampliar el muestreo y trabajar en colaboración con otras instituciones nacionales y regionales, de modo de asegurar que la exploración de nuestras aguas profundas aporte también a decisiones públicas que protejan su diversidad antes de que sea demasiado tarde.