Un informe conjunto de la Confederation of British Industry, conocida por sus siglas en inglés CBI, y Energy UK advirtió que el Reino Unido corre el riesgo de perder su condición de centro manufacturero tras un fuerte aumento de los precios de la energía, que ha obligado a alrededor del 40% de las empresas a recortar inversión. El documento apunta a la falta de medidas para limitar precios y a la necesidad de modernizar las redes de gas y electricidad como causas centrales del deterioro.

Energy UK, que representa a más de 100 generadoras y comercializadoras de electricidad del Reino Unido, dice que los costes empresariales de la electricidad siguen siendo un 70% más altos que antes de la invasión rusa a Ucrania, y que el gas está 60% más caro. La encuesta que sustenta el informe muestra que casi el 90% de las empresas han visto subir sus facturas de energía en los últimos cinco años y que cuatro de cada diez redujeron inversión por esa razón. El informe advierte de que, sin una caída de las tarifas, aumentará el riesgo de pérdida de empleos, recortes de producción, cierres de plantas y deslocalizaciones.

Los autores piden una revisión profunda de las regulaciones que rigen la venta y el suministro de energía y una alianza entre el gobierno y la industria para diseñar reformas durante la transición hacia emisiones netas cero. Para ello se conformará una mesa de trabajo con investigadores de ambas organizaciones y representantes empresariales que analizará cómo bajar precios y mejorar la eficiencia de las redes de gas y electricidad.

El reporte también sitúa al Reino Unido entre los países desarrollados con los precios industriales de energía más elevados: casi dos tercios por encima de la mediana de los países de la Agencia Internacional de la Energía, conocida por sus siglas en inglés IEA, y el nivel más alto entre los miembros del G7, el grupo de siete economías avanzadas. Como reflejo del impacto económico, las cifras del Office for National Statistics, la oficina oficial de estadísticas del Reino Unido, muestran que el comercio de bienes en 2025 registró su peor desempeño en la historia, con un déficit de £248.3bn; solo en parte ese deterioro se compensó con un superávit de servicios de £192bn.

La patronal de fabricantes Make UK había pedido el año pasado al gobierno británico subsidios millonarios para evitar el encogimiento del sector, lo que subraya las presiones crecientes sobre la política pública en Londres. El informe lanza un mensaje directo a los ministros, aunque hasta ahora no detalla respuestas concretas del Ejecutivo.

¿Por qué esto importa a Chile y a América Latina? Un debilitamiento industrial en el Reino Unido y el encarecimiento energético en Europa pueden reconfigurar cadenas de suministro globales. Menores niveles de producción en Europa reducen la demanda de bienes intermedios y metales, lo que puede presionar los precios y los mercados de exportación chilenos, en particular del cobre y de insumos químicos para la minería. Además, el alza de costos energéticos internacionales encarece insumos importados y transporte, y puede acelerar la relocalización de manufacturas hacia países con energía más barata, con impacto en flujos de inversión directa extranjera.

Para Chile, la lección es doble: vigilar con mayor atención la volatilidad de los mercados energéticos internacionales que afectan costos de la minería y la industria, y avanzar en la propia transición energética y en la diversificación de proveedores y mercados. La decisión de los ministros británicos sobre subsidios, límites de precio y modernización de redes marcará si el país logra frenar una posible desindustrialización o si se acelera una reconfiguración de la manufactura europea cuyos efectos llegarán hasta la región.