El Papa León XIV encabezó hoy su primer Domingo de Pascua ante una abarrotada plaza de San Pedro, impartió la bendición Urbi et Orbi y presentó un llamado a la paz sin mencionar conflictos concretos. El Vaticano informó que la ceremonia reunió a más de 50.000 fieles que siguieron el rito desde la plaza y desde la vía de la Conciliación, en el corazón de Roma.
En contraste con la tradición, donde los pontífices suelen repasar focos de tensión internacional, León XIV optó por un enfoque global y llamó a no ser indiferentes ante el mal, el odio y la guerra. Como novedad, convocó para el próximo sábado 11 de abril una vigilia de oración por la paz en la Basílica de San Pedro.
La diferencia la marcó el formato del mensaje, que contrasta con el discurso de Navidad cuando sí mencionó explícitamente a Israel, Palestina y Ucrania, e incluso pidió diálogo en los países de América Latina.
La bendición fue seguida por más de 50.000 personas desde la Plaza de San Pedro y la vía de la Conciliación, donde el Papa saludó a los fieles a bordo del papamóvil, deteniéndose para bendecir a varios niños.
Durante la Semana Santa, el Papa ha mantenido su línea de evitar referencias directas a escenarios bélicos, al tiempo que la reflexión del Viacrucis del Coliseo —con meditaciones a cargo de un fraile de Tierra Santa— advertía sobre la guerra, los abusos de poder y la tiranía. En la Vigilia Pascual, él mismo exhortó a no dejar que nos paralicen las losas de la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos.
Elegido en mayo de 2025, este pulso comunicacional de la Santa Sede llega en un momento de tensiones regionales e incertidumbres globales y, para Chile, reviste un interés práctico: la Iglesia Católica es un actor con peso social y diplomático en América Latina, capaz de influir en agendas de paz y cooperación interreligiosa que amenazan o potencian la cohesión social en la región. Si bien el mensaje evita escenarios concretos, la audiencia chilena observa con atención cómo el foco pastoral puede ayudar a generar puentes en temas humanitarios y de convivencia que importan también a nuestro país y a la región.
Entre las señales que podría dejar este giro, se abre un espacio para el diálogo multicontinental que analistas en Chile interpretan como un intento de ampliar la esfera de influencia de la diplomacia vaticana, en un mundo cada vez más multipolaridad y complejo en materia de soberanía y relaciones internacionales.
