Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que la Brigada Bislah, bajo el mando de la División 91, destruyó más de 1.000 infraestructuras identificadas como utilizadas por el grupo terrorista Hezbollah en el sur del Líbano. Entre las instalaciones destruidas se encontraban edificios con trampas explosivas y lugares de almacenamiento de armas.
Según el comunicado, las fuerzas hallaron cientos de armas, como ametralladoras, fusiles Kalashnikov, granadas, minas, pistolas, misiles antitanque, municiones, cohetes RPG y proyectiles de mortero. El grupo armado libanés se sumó a la guerra en medio oriente en respaldo al régimen de Teherán, que financia todas sus actividades terroristas contra Israel.
PUBLICIDAD El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró este lunes que los ataques de las FDI contra los terroristas de Hezbollah, desde la entrada de la milicia en la guerra con Irán, han reducido el arsenal de misiles del grupo libanés al 10 % respecto al inicio del conflicto. Netanyahu afirmó que las amenazas principales de Hezbollah son “los cohetes 122, así como los drones y otros vehículos aéreos no tripulados”, y que las FDI están actuando tanto al sur como al norte del río Litani.
Las FDI reportaron que un soldado y tres reservistas israelíes ingresaron en Bint Jbein, al sur de Líbano, sin autorización y sin fines operativos, y que el caso está bajo investigación. Netanyahu declaró durante la Conferencia del Alto Mando de las FDI que se han eliminado sistemas de misiles, creado una zona de seguridad e impedido el lanzamiento directo de misiles antitanque hacia territorio israelí.
PUBLICIDAD El intercambio de ataques entre Israel y Hezbollah continúa pese al anuncio de prórroga de la tregua realizado el jueves pasado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras negociaciones entre diplomáticos libaneses e israelíes en la Casa Blanca. La entrada de Hezbollah en el conflicto, motivada por la operación conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, derivó en una respuesta israelí que ha causado más de 2.500 muertos y más de 7.800 heridos en siete semanas, entre ellos mujeres, niños, trabajadores humanitarios y periodistas.

