Cuando las vacaciones terminan y las familias retoman los horarios laborales y escolares, no solo las personas sienten el cambio, también las mascotas deben readaptarse, advierte Tania Junod, coordinadora académica clínica de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción. Perros y gatos pasaron semanas con más compañía y estímulos, por eso el regreso a la soledad puede desencadenar inquietud o ansiedad.

La principal razón es el cambio brusco en la previsibilidad del día a día, explica Junod. "Al disminuir la disponibilidad de sus dueños pueden aparecer signos de estrés, aburrimiento o ansiedad por separación, especialmente en animales que no están habituados a quedarse solos", dice la veterinaria. Esa pérdida de control se traduce en conductas concretas, no en una sensación abstracta: vocalizaciones excesivas, destrucción de objetos, cambios en el apetito, micciones o defecaciones fuera de su lugar habitual, hiperactividad o letargo son señales a observar.

Para evitar que la reanudación de clases o el trabajo se transforme en un problema, la académica recomienda no esperar al primer día. Comenzar con antelación facilita la transición y mejora la sensación de seguridad del animal. Una pauta práctica usada por muchos veterinarios es reinstaurar, con calma, horarios fijos de comida, paseos, juego y descanso varias semanas antes del inicio del año escolar o laboral.

Otra herramienta efectiva son las ausencias progresivas. Salga 10 o 15 minutos al principio, y aumente gradualmente ese tiempo, para que la mascota entienda que la separación es temporal y que su dueño vuelve. Mantener las salidas y llegadas con un tono neutro, sin dramatismo, reduce la carga emocional del momento y evita reforzar la ansiedad.

El ejercicio diario es clave, sobre todo para perros. Un paseo que permita gastar energía física y mental ayuda a que toleren mejor las horas solos. Para gatos, el estímulo se logra con juegos intensos antes de la ausencia, y con enriquecimiento ambiental durante el día, como rascadores, plataformas altas y túneles para explorar.

Enriquecer el ambiente reduce el aburrimiento. Juguetes interactivos o rompecabezas con comida, dispensadores que obliguen a trabajar por la ración, y objetos con olor familiar mantienen la atención del animal. Música relajante o ruido blanco a volumen suave puede ayudar a algunos animales, y las feromonas sintéticas, como las presentadas en difusores comerciales, son una opción complementaria para bajar la tensión en el hogar.

Si observa conductas persistentes o muy intensas, lo responsable es consultar con su veterinario de confianza o con un especialista en conducta animal. Ellos evaluarán si son necesarias intervenciones conductuales más estructuradas, y en casos puntuales, tratamientos farmacológicos para apoyar el proceso, siempre bajo supervisión profesional.

En ciudades como Santiago, donde las jornadas laborales vuelven a un ritmo sostenido en marzo, planificar la adaptación de las mascotas es también un gesto de cuidado comunitario. No es solo evitar destrozos, es proteger su bienestar emocional. Poner en práctica horarios previsibles, ausencias graduales, ejercicio y enriquecimiento transforma la vuelta a la rutina en una transición menos traumática.

Finalmente, recuerde que cada animal es único. Lo que funciona para un perro activo de la costa puede no ser igual para un gato indoor. Observe, anote cambios concretos y ajuste las medidas, y si la incertidumbre persiste, pida orientación profesional para diseñar un plan hecho a la medida de su compañero.