Este lunes, en Canal 13, regresó el programa Las caras de la Moneda con una entrevista del animador Mario Kreutzberger, conocido como Don Francisco, al presidente Gabriel Boric, a pocas horas de dejar el mando del país.

El regreso del programa fue un éxito de audiencia, promediando entre las 22:36 y las 00:42 459.391 personas por minuto, con un peak de 651.191 espectadores a las 23:04 horas.

En la conversación, Don Francisco contó que fue de las primeras personas en enterarse de que Boric sería padre, porque acompañó al mandatario a una ecografía. Boric agradeció el apoyo y definió la paternidad como "telúrica": "Esto es la trascendencia. Pensar en mi padre, mi madre, mis abuelos y en la historia que tendrá Violeta para adelante es muy desafiante".

Su pareja, Paula Carrasco, relató cómo conoció a Boric y dijo: "Lo admiré siempre, voté por él, se lo dije cuando lo conocí". En el estudio también estuvieron su padre, Luis Boric, y sus hermanos, Simón y Tomás Boric, quienes manifestaron orgullo por el presidente. La madre de Boric, María Soledad Font, fue presentada como cuidadora de niños vulnerables en Punta Arenas; envió un saludo grabado y el mandatario destacó su fe y contención en momentos difíciles.

La escena televisiva llega en un momento político cargado. Encuestas recientes muestran una aprobación de Boric en torno al 37%, según Cadem, la empresa encuestadora. Al mismo tiempo, la transición con el presidente electo José Antonio Kast ha tenido episodios de tensión, y Boric enfrenta críticas por el manejo del caso Monsalve, en el que admitió demoras.

Históricamente, las entrevistas personales han servido para humanizar mandatarios y moldear percepciones públicas. En ese contexto, la visibilización de la vida familiar puede fortalecer la imagen personal de Boric y suavizar críticas, pero no resuelve los asuntos institucionales ni los desafíos políticos pendientes.

Quién gana y quién pierde es claro en términos comunicacionales. Boric gana cercanía y una narrativa de continuidad familiar que puede mejorar su legado personal. Pierde, en parte, la discusión política inmediata, porque la emotividad de la entrevista puede distraer de debates sobre responsabilidad administrativa y transición de poder. Para el ciudadano común, la conversación ofrece una explicación íntima de la vida del presidente, pero no cambia de forma automática políticas ni decisiones que afectan la vida diaria.

Queda por ver cómo influirá esta imagen pública en los días finales del mandato y en la percepción histórica del gobierno. La llegada de Violeta aporta un elemento humano al relato de Boric; los temas políticos y judiciales que lo acompañan seguirán marcando la evaluación pública y el balance final de su gestión.