Un sondeo de la consultora argentina CB Consultora Opinión Pública, aplicado entre el 10 y el 15 de febrero en 18 países, midió la aprobación de jefes de Estado de la región.

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, encabeza la lista con 72,6% de aprobación y 24,8% de rechazo. Le sigue Claudia Sheinbaum, presidenta de México y exalcaldesa de Ciudad de México, con 68,5% de favorabilidad. En tercer lugar aparece Daniel Ortega, presidente de Nicaragua desde hace casi dos décadas, con 62,1% de apoyo.

En el extremo opuesto figura Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela y dirigente chavista, con apenas 23,7% de imagen positiva y 72,7% de rechazo. La nota que acompaña la encuesta señala que Rodríguez juró el 5 de enero, dos días después de la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en un operativo de las fuerzas estadounidenses en Caracas, según la fuente citada.

Otros resultados del sondeo ubican a Luis Abinader (República Dominicana) en cuarto lugar con 54,8% de aprobación, a Rodrigo Chaves (Costa Rica) con 53,2% y al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en la franja media con 49,2% de aprobación y 47,5% de rechazo. El texto también registra que Javier Milei (Argentina) y Rodrigo Paz (Bolivia) retrocedieron respecto a mediciones previas.

La encuesta, según el resumen disponible, pone a Gabriel Boric en la parte baja del ranking. Sin embargo el sumario no entrega en este texto su porcentaje exacto.

Qué explica estos resultados. Líderes como Bukele obtienen altos niveles de aprobación por la percepción de orden y acción directa en seguridad, además de un relato público dominante. Sheinbaum capitaliza la continuidad del proyecto político en México. Ortega mantiene apoyo pese a la crisis política en Nicaragua por su control de instituciones y dispositivos estatales.

En Chile, la posición relativa de Boric responde a factores domésticos que ya están en la agenda pública. La discusión sobre el aumento de sueldo del Presidente, que la ministra Jéssica López defendió como una bonificación institucional, alimenta la percepción de distancia entre la política y la ciudadanía. A eso se suman tensiones por la economía y expectativas sobre la gestión de emergencias y la fiscalidad.

Quién gana y quién pierde. Ganadores claros: los líderes con imagen de eficacia y control. Perdedores: figuras asociadas a crisis o a pérdida de legitimidad, como la presidenta encargada de Venezuela. Para el ciudadano común, la variable decisiva sigue siendo si las autoridades entregan seguridad económica y servicios básicos, no solo cifras de imagen.

Consecuencias políticas. Una baja en la aprobación reduce la capacidad de avanzar reformas y complica la relación con el Congreso y actores sociales. En el plano regional, las lecturas muestran volatilidad: quien lideró en diciembre puede perder posiciones en pocos meses. Para Chile, un presidente con menor respaldo implica mayor dificultad para impulsar medidas que afectan el bolsillo de las familias.

Análisis final. La foto regional combina dos dinámicas: altas aprobaciones en líderes que proyectan orden, y rechazo fuerte a figuras percibidas como delegitimadas. En Chile, la disputa está en traducir gestión en resultados tangibles para recuperar confianza. La encuesta confirma esa tensión, pero el detalle sobre Boric requiere el número exacto para una lectura más precisa.