Científicos del Volcani Center, un instituto de investigación agrícola en Israel, dijeron a la revista New Scientist que en laboratorio están interviniendo los compuestos que dan al pomelo su sabor amargo, con la intención de hacerlo más dulce y atractivo para los consumidores.
El trabajo se realiza con CRISPR (por sus siglas en inglés Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats), una técnica de edición genética que permite modificar secuencias específicas del ADN de la planta. Según la información publicada por New Scientist, el equipo busca alterar rutas bioquímicas responsables del amargor, sin introducir genes de otras especies, lo que diferencia este enfoque de algunos casos de ingeniería genética clásica.
A diferencia del mejoramiento convencional, que requiere múltiples generaciones de cruzamientos y selección, la edición genética permite intervenir funciones concretas del genoma de forma más rápida y dirigida. Esto puede conservar rasgos agronómicos y nutricionales del cultivo, mientras se ajustan atributos organolépticos, como el gusto, para mejorar la aceptación del producto en los mercados.
El objetivo declarado por los investigadores es ampliar el público del pomelo y mejorar su posicionamiento comercial frente a otros cítricos. El proyecto, según New Scientist, está aún en fase experimental, lo que implica que faltan ensayos en campo, evaluación de estabilidad del rasgo y estudios sobre seguridad alimentaria y ambiental antes de cualquier comercialización.
Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, señaló que "en menos de cinco años la edición genética permite mejorar características de los vegetales", frase que fue citada en el reporte. Ese diagnóstico resume el potencial técnico, pero también pone sobre la mesa preguntas regulatorias y de aceptación social que cada país debe resolver.
Para los consumidores y productores chilenos, el avance es relevante por su posible impacto en la oferta de cítricos y en la cadena de valor, pero todavía muy prematuro. Será necesario que los resultados sean replicados en condiciones de cultivo, evaluados por autoridades competentes y comunicados con transparencia, para que la discusión pública considere beneficios, riesgos y alternativas. Mientras tanto, el experimento del Volcani Center ilustra cómo la biotecnología puede cambiar atributos históricos de un alimento, sin alterar su esencia nutritiva, aunque el paso de laboratorio a huerto comercial suele requerir años.