El ministro de Salud Pública del Líbano, Rakan Nasreddine, anunció este domingo que la intensa ofensiva aérea de Israel contra el sur, el este del Líbano y los suburbios de Beirut ha causado centenares de víctimas y un desplazamiento masivo de civiles.
En cifras detalladas dadas por Nasreddine, 394 personas han muerto, entre ellas 83 niños, y hay 1.130 heridos, de los cuales 254 son menores. El ministro destacó que los ataques han alcanzado personal sanitario y dijo que esto demuestra, en su opinión, que los objetivos "no son combatientes ni instalaciones militares".
Las autoridades libanesas reportaron al menos tres incidentes mortales en las localidades de Shmustar (este), Khirbet Selm (sur) y Tuffahta (sur), y un ataque con once muertos confirmados en la meridional Sir al Gharbiya, donde se hundió un edificio completo y continúan las labores de rescate. Nasreddine también describió la incursión en la zona oriental de Nabi Chit, donde decenas de bombardeos de apoyo aéreo dejaron cerca de 40 muertos en varias aldeas, la mayor matanza señalada hasta ahora.
Desde el lunes pasado, Israel mantiene una campaña aérea contra posiciones en el sur y el este del Líbano y en los suburbios de Beirut. El grupo chií libanés Hizbulá, conocido internacionalmente como Hezbollah, ha respondido con ataques de impacto limitado contra objetivos militares en el norte de Israel. Las operaciones han generado al menos 112.000 desplazados alojados en refugios oficiales, y organismos locales estiman que el total de evacuados podría superar las 200.000 personas.
El episodio agrava una crisis humanitaria ya profunda en Líbano, donde la infraestructura civil y los servicios sanitarios son frágiles tras años de inestabilidad política y económicas. Humanitarios y gobiernos regionales han advertido sobre el riesgo de colapso de la atención médica en las zonas más afectadas, y organizaciones internacionales han pedido corredores para asistencia y evacuación, aunque no todas las solicitudes han sido satisfechas.
En el plano geopolítico, el enfrentamiento eleva el riesgo de una ampliación del conflicto en la región. Una escalada sostenida entre Israel e Hizbulá podría arrastrar a actores respaldados por Irán, que ya es acusado por Israel de apoyar a Hizbulá, y complicaría las gestiones diplomáticas lideradas por Estados Unidos, Francia y la ONU para evitar una conflagración mayor.
Para América Latina y Chile, la violencia tiene efectos indirectos pero concretos: puede presionar los precios del petróleo y el transporte marítimo, lo que influye en costos de importación y combustible. Además, varios gobiernos latinoamericanos, incluido el de Chile, han emitido en días recientes declaraciones sobre la violencia en Medio Oriente y llamados a la protección de civiles y a reabrir canales de negociación en foros como Naciones Unidas. La existencia de comunidades libanesas en la región y vínculos diplomáticos obligan a mantener vigilancia sobre crisis humanitarias y movimientos migratorios que podrían generarse si el conflicto se prolonga.
La situación sigue siendo dinámica: las autoridades libanesas continúan las labores de rescate y contabilización de víctimas, mientras que actores internacionales llaman a contener la escalada. Los próximos días serán claves para ver si se abre una ventana diplomática o si el ciclo de ataque y represalia se mantiene, con consecuencias humanitarias y geopolíticas más amplias.
