Una investigación del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, sugiere que la zona arqueológica de Cuicuilco y la Escuela Nacional de Antropología e Historia, ENAH, comparten una orientación hacia los amaneceres equinociales. El estudio, dirigido por Aarón Uriel González Benítez, propone que el diseño de Cuicuilco se habría basado en la alineación del sol sobre el cerro Papayo, observada el 23 de marzo de 2026, lo que respalda la hipótesis de que la urbe prehispánica celebraba hitos calendáricos clave.

El arqueoastrónomo mexicano Aarón Uriel González Benítez lideró el trabajo, que propone que Cuicuilco se habría basado en la alineación del sol sobre el cerro Papayo. El equipo observó el fenómeno el 23 de marzo de 2026, lo que respalda la hipótesis de que la urbe prehispánica celebraba hitos calendáricos clave.

La orientación de los edificios principales de la ENAH, entre ellos la Biblioteca Guillermo Bonfil Batalla y la Torre de Investigación, oscila entre 89° y 90° acimutales, una disposición que apunta casi exactamente hacia el este geográfico. Esta coincidencia sitúa a la ENAH y a otras construcciones cercanas, como la colonia Isidro Fabela, en la misma línea de tradición arquitectónica que las estructuras prehispánicas de Cuicuilco A y B.

El hallazgo sugiere que la alineación equinoccial de Cuicuilco, reforzada por la geometría cuadrangular de sus monumentos y la orientación hacia el cerro Papayo, podría haber influido en la disposición urbana moderna del sur de la Ciudad de México. Aunque no se puede afirmar que la traza actual fue diseñada con ese objetivo, el arqueoastrónomo considera que esta coincidencia podría enriquecer el universo de identidades que tiene la ENAH, otorgándole un carácter astronómico.

La observación de la salida del sol alineada con el cerro Papayo en fechas cercanas al equinoccio, entre el 23 y 24 de marzo, respalda la hipótesis de un “equinoccio cultural cuicuilca”. En la época prehispánica, los núcleos urbanos eran considerados el centro simbólico del mundo y la orientación de sus construcciones respondía a la relación entre la arquitectura, el paisaje y los ciclos solares.

La orientación similar de edificaciones modernas y antiguas en la zona resalta la persistencia de una tradición astronómica local. González Benítez señala que tanto las estructuras de reciente creación como las de la tradición prehispánica podrían haber participado de una misma lógica espacial vinculada a los calendarios.

Contextualizando para lectores chilenos, este tipo de trabajo muestra cómo culturas de nuestro continente han buscado leer el cielo para ordenar su territorio, una mirada que puede enriquecer enfoques actuales sobre urbanismo y patrimonio en América Latina.