El chef chileno Francisco Castillo, quien llegó a Nueva York en 2021 para asumir como chef ejecutivo de un restaurante nikkei en el West Village, recuerda con precisión la noche en que el entonces presidente de Chile, Gabriel Boric, cenó en su restaurante durante una visita a la ONU. La anécdota, narrada con orgullo y un toque de nervios, ilustra cómo la cocina de un chileno en la Gran Manzana puede convertirse en puente entre la academia culinaria y la conversación política. Aquel episodio, en el que Boric entró caminando desde un punto cercano y dejó su sello en la mesa, fue una señal de que la gastronomía también es performance pública y narrativa de país.