Una nueva ovación en la Quinta Vergara marcó la noche del Festival de Viña del Mar 2026 para el comediante chileno Rodrigo Villegas, quien presentó una rutina centrada en episodios de la vida cotidiana y en referencias a la cultura popular de los años 80.
Era un desafío entrar luego de la puesta en escena de Pet Shop Boys, el dúo británico que elevó la exigencia escénica de la jornada. Villegas apareció a las 23:57 acompañando su entrada con Born to Be Alive, y utilizó imágenes de dibujos animados como Thundercats para fijar ese tono nostálgico dirigido a un público adulto.
La estructura del show navegó entre la anécdota personal y la observación social. Habló de su aspecto físico, recordó épocas de gimnasios y de juegos en la calle, y recuperó canciones como Isabel, de Luis Miguel, como signos de una generación que creció entre radio AM y televisores sin control remoto. También incluyó, según se vio en el escenario, un guiño a Los Blondon Boys, elemento que remite a un humor de evocación y pastiche.
Villegas afrontó además una competencia de atención: mientras la Quinta Vergara respondía con risas, en la televisión abierta la franja de comedia de Chilevisión transmitía a Dino Gordillo, comediante chileno que en días recientes ha estado en el centro de una polémica por una supuesta conducta en un evento en Villa Alegre, según reportes de prensa. Esa simultaneidad expone cómo la comedia nacional se desdobla entre formatos y audiencias.
La rutina incluyó gestos físicos, con el comediante aludiendo a un pasado como campeón de gimnasia y mostrando algunos intentos acrobáticos en el escenario. Hubo también observaciones sobre la camaradería en los gimnasios y bromas sobre el público del anfiteatro, microrrelatos que no buscaron la transgresión sino la empatía y la complicidad.
Es la tercera vez en el Festival de Viña (2017, 2023, 2026) para Villegas, un dato que habla de su capacidad para sostener un repertorio que conecta con distintas generaciones. En un festival donde las grandes producciones musicales y los despliegues escénicos fijan el estándar, su triunfo confirma que el humor arraigado en lo cotidiano y en la memoria colectiva sigue funcionando como contrapeso.
Queda por ver si esta fórmula se mantendrá en otros escenarios y formatos, y cómo evolucionará su eco en plataformas digitales y circuitos televisivos. Mientras tanto, la noche reafirmó que, en la Quinta Vergara, la nostalgia puede ser tanto una llave hacia el pasado como una herramienta para leer el presente.