El dúo británico Pet Shop Boys conquistó la Quinta Vergara en la segunda noche del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar 2026, con un concierto que alternó nostalgia pop y un despliegue técnico poco habitual para el escenario viñamarino.
Neil Tennant y Chris Lowe, vocalista y tecladista del grupo respectivamente, llevaron a la Quinta Vergara un montaje que obligó a modificar el escenario para soportar 20 toneladas de equipos y pantallas. Ese peso escénico se tradujo en constantes juegos de luces y proyecciones que acompañaron cada uno de sus éxitos, y que realzaron la precisión y la coreografía sonora del dúo.
El repertorio repasó clásicos innegables como "New York City Boy", "You Were Always on My Mind", "It's a Sin" y "West End Girls", temas que despertaron la ovación del llamado Monstruo, el público del festival. Al cierre, Tennant destacó el vínculo con la audiencia chilena, y dijo: "Hemos tocado muchas veces en Chile, pero este fue el mejor público".
La entrega del jurado se tradujo en Gaviotas de Plata y Oro, reconocimiento que el Festival de Viña otorga a artistas por su desempeño en la Quinta Vergara. Para Pet Shop Boys, que ya habían escrito capítulos previos con el público chileno en recintos locales, esta fue su primera aparición en el festival y un gesto de complicidad entre el formato masivo y una trayectoria pop que ha marcado a varias generaciones.
El contraste entre tecnología y tradición también estuvo presente en la programación del festival: la primera noche incluyó momentos de homenaje a la canción chilena, como la versión de "Gracias a la Vida" por Matteo Bocelli, que recuperó la figura de Violeta Parra en un gesto de diálogo con la audiencia local. Esa tensión entre lo global y lo local fue una de las notas que definieron esta edición.
Pet Shop Boys continúa su paso por Chile este viernes 27 de febrero con una presentación en el Movistar Arena de Santiago, donde se espera que repitan el recorrido por su catálogo y la puesta en escena ampliada que mostraron en Viña. La actuación en la Quinta Vergara deja en claro que, más allá del espectáculo, el festival sigue siendo un lugar de encuentro entre audiencias masivas y conversaciones culturales que atraviesan identidades y generaciones.