En un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja de Gaza, Nour Ahmed Abed cuenta cómo subir el volumen de una película fue, por un rato, la única manera de tapar el ruido de las bombas. Sus palabras forman parte de El libro negro de Gaza, publicado en febrero por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, una recopilación que busca trasladar al lector al latido diario de un territorio devastado.

Los 17 autores del volumen relatan, en primera persona, cómo se huye de una casa en cinco minutos antes de un ataque, por qué se insiste en estudiar cuando el futuro parece cerrado, qué significado tiene enamorarse en medio del hambre, y cómo la música sirve a veces de refugio entre las ruinas. Estos testimonios no son crónicas lejanas, son relatos íntimos que conversan con la memoria colectiva. En palabras de Nour, "Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha", y esa escucha es la apuesta del libro.

El conjunto de textos busca proteger la memoria, explica Gonzalo Delgado, periodista y editor de los textos del libro. Delgado organizó relatos escritos casi en tiempo real por estudiantes, médicos, músicos y periodistas jóvenes, en un gesto que recuerda las crónicas desde Sarajevo en los años noventa. La decisión editorial no es neutral: pretende mostrar que, pese a la violencia, "no somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes", como dice otro de los autores.

El libro sitúa su relato en un contexto más amplio. Gaza ha sufrido intensos bombardeos durante más de dos años, que según las fuentes citadas en el volumen y en la cobertura internacional han dejado más de 70.000 muertos palestinos. Al mismo tiempo, la escena política internacional avanza con propuestas y controversias, como la llamada "Junta de Paz" impulsada desde Washington por Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, o la fractura del acuerdo sobre el acceso a Al-Aqsa en Jerusalén. Los textos del libro evitan proyectar soluciones geopolíticas, y en cambio ponen rostro y voz a quienes viven las consecuencias cotidianas.

Leer estas páginas es, también, una invitación a pensar la memoria como un acto político y humano. En Chile, donde la preservación de testimonios de violaciones a los derechos humanos fue clave para la justicia y la memoria, la iniciativa de Delgado y los autores palestinos resuena con familiaridad: la narración directa se vuelve prueba, consuelo y resistencia.

El libro deja preguntas abiertas sobre reconstrucción, educación y futuro. Para muchos de sus autores, la urgencia inmediata es cubrir necesidades básicas, pero la reparación emocional y cultural aparece como condición para cualquier recomienzo. La editorial publicó la obra en febrero, y su lectura hoy ofrece, para el lector chileno, una forma íntima de entender cómo el conflicto impacta vidas concretas, más allá de los titulares y las cifras. Quedan por delante conversaciones públicas y políticas sobre ayuda, acceso y dignidad, pero estos relatos recuerdan que escuchar a los jóvenes de Gaza es, antes que nada, reconocer su humanidad.