En la madrugada del 17 de noviembre, explosiones en la ciudad ucraniana de Balakliia destruyeron balcones, dejaron un cráter en un estacionamiento y dañaron viviendas. Tres personas murieron y 13 resultaron heridas, cuatro de ellas niñas y niños, informó el Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania, la agencia nacional que coordina rescates y respuesta a desastres.

El ataque golpeó a menos de 200 metros de un jardín infantil, un recordatorio de que espacios dedicados a la infancia han sido vulnerables desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala. Organizaciones internacionales y locales documentan que no solo hay daños materiales, sino también interrupciones continuas en el aprendizaje por las alarmas aéreas y las evacuaciones.

Según el registro público del gobierno ucraniano que monitorea escuelas, saveschools.in.ua, hasta la fecha se han reportado 3.676 instalaciones educativas dañadas y 394 destruidas en todo el país. Este inventario incluye jardines infantiles, escuelas, institutos técnicos y universidades.

El proyecto de investigación abierto Bellingcat, conocido por verificar material de redes sociales, ha identificado más de 2.500 incidentes de daños a infraestructura civil desde el inicio de la guerra, entre ellos más de 200 afectaciones a centros educativos. Ambos conjuntos de datos están limitados a incidentes registrados y verificados públicamente, por lo que la cifra real podría ser mayor.

UNICEF, la agencia de Naciones Unidas para la infancia, señala que muchos establecimientos siguen cerrados o funcionan de forma intermitente por las alarmas y amenazas, y que casi un millón de niños han sido forzados a estudiar en línea. UNICEF advierte además sobre el impacto psicosocial en la niñez, por exposición recurrente a violencia y desplazamiento (UNICEF).

¿Qué significa esto para las familias y la educación de niños y niñas? Las interrupciones prolongadas afectan aprendizajes básicos, aumentan la brecha entre quienes tienen acceso a conectividad y quienes no, y generan estrés y trastornos del sueño ligados a la guerra. Los jardines infantiles y escuelas también son espacios de protección social, donde los niños reciben alimentación y apoyo psicológico que hoy están comprometidos.

Desde la perspectiva de datos, es importante distinguir lo verificado de lo posible. Los conteos oficiales y los verificados por organizaciones como Bellingcat usan evidencia fotográfica y reportes, pero no capturan incidentes no publicados o zonas inaccesibles. Por eso las cifras deben verse como un mínimo comprobado, no como un total cerrado.

A futuro, la recuperación requerirá reconstrucción física, programas de reapertura escolar seguros y apoyo psicosocial masivo. Organizaciones internacionales han pedido corredores humanitarios para reparación de infraestructura educativa y entrega de ayuda, mientras que ONG y redes locales trabajan en educación alternativa y apoyo a docentes.

Para lectoras y lectores en Chile: esta crisis humanitaria muestra cómo la guerra puede interrumpir generaciones enteras de aprendizaje. Si desea informarse o colaborar, las agencias humanitarias internacionales que trabajan en terreno, como UNICEF y la Cruz Roja Internacional, publican canales oficiales para apoyo; consulte fuentes institucionales antes de donar o compartir material.

Fuentes: Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania (SES), saveschools.in.ua (registro gubernamental), Bellingcat (investigación de fuentes abiertas), UNICEF (agencia de Naciones Unidas para la infancia).