En entrevista con Radio Nuevo Mundo, el presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona, advirtió que la escalada de la ofensiva en Medio Oriente puede derivar en una crisis de alcance global y responsabilizó a la administración de Estados Unidos por la agudización del conflicto. Carmona dijo que la situación tiene efectos directos sobre otras potencias y sobre la convivencia planetaria.
El dirigente afirmó, en voz crítica, que "estamos asistiendo a lo que alguna vez fue parte de una proyección estratégica de hasta dónde estaría dispuesto a llegar Estados Unidos como potencia imperial" y alertó sobre una "hecatombe de carácter mundial" si el conflicto madura. También cuestionó el rol de las Naciones Unidas, la organización multilateral encargada de la paz, al señalar que queda superada ante la ley de la fuerza.
El pronunciamiento llega en un contexto de tensión global que ya tiene reflejo en los mercados. Informes recientes muestran que Wall Street cerró en rojo por la escalada entre Estados Unidos e Irán y que el precio del petróleo subió, lo que preocupa a inversionistas chilenos y puede trasladarse a la economía local a través de mayores costos energéticos y volatilidad financiera.
Carmona vinculó además la crisis internacional con temas domésticos. Frente a las sanciones de Estados Unidos contra funcionarios del Gobierno de Chile, dijo que esas medidas "están referidas al Gobierno de Chile, no al Partido Comunista", y defendió a los funcionarios señalando que no deben renunciar a políticas que, según él, benefician al país. En el mismo hilo aludió al debate por el proyecto de cable submarino con participación china, planteando que quienes interpretan la medida como un conflicto entre su partido y Washington se equivocan.
Históricamente, los planteamientos de Carmona remiten a episodios de intervención e injerencia en la región que han tensionado el multilateralismo. Quien gana en una escalada son, por ahora, actores que apuestan a la presión geopolítica; quienes pierden, según la advertencia del dirigente, son la estabilidad internacional y la ciudadanía común, expuesta a inflación, alzas en combustibles y riesgos para el comercio exterior.
Para Chile, las implicaciones son concretas: mayor volatilidad para inversionistas, presión sobre la cuenta energética y un choque diplomático que complica la agenda del Gobierno de Chile ante Washington y Pekín. En lo político interno, la defensa de funcionarios por parte del Partido Comunista tensiona al Ejecutivo y puede abrir pedidos de fiscalización en el Congreso.
Si la ofensiva en Medio Oriente escala, las consecuencias serán políticas y económicas a mediano plazo, y obligarán a reacciones multilaterales más firmes o a ajustes en las políticas de seguridad energética. Por ahora, Carmona pide mayor "creatividad, insistencia y perseverancia" en la reacción internacional para impedir lo que calificó como una posible autodestrucción planetaria.

