Según La Tercera, la tasa de desempleo en Chile llegó a 9,6%. Eso equivale a cerca de un millón de personas que buscan trabajo y no lo encuentran. El dato y su análisis aparecen en una columna de opinión que publicó ese medio, firmada por un profesor adjunto del Instituto de Economía de la Universidad Católica e investigador principal de CLAPES UC, el centro de estudios económicos de esa universidad. El texto no menciona su nombre.
El columnista advierte que el problema no tiene una solución rápida. Recuerda que en 1990 Chile vivía algo parecido y que bajar la tasa de 8,5% a 6,5% tomó más de tres años, aunque la economía crecía sobre 6% anual.
El gobierno anunció medidas en dos frentes. El primero entrega alivios de corto plazo con incentivos fiscales, es decir, beneficios pagados por el Estado para estimular la contratación. El segundo apunta a cambios normativos para que el mercado laboral funcione mejor, con resultados esperados a mediano plazo.
La receta depende del origen del desempleo. Si fuera puramente cíclico, por ejemplo por el alza de los combustibles, bastarían los incentivos y los efectos se verían pronto. Si es persistente, se necesitan reformas laborales sostenidas, que tardan más en notarse.
El Banco Central abordó el tema en un recuadro de su último IPOM (Informe de Política Monetaria, el reporte trimestral donde explica sus decisiones). Concluyó que los efectos persistentes explican entre 1 y 2 puntos porcentuales del mayor desempleo, mientras los factores cíclicos aportan entre 0,5 y 1 punto.
Entre las causas persistentes, el Banco Central vuelve a destacar el fuerte aumento de los costos laborales. Ahora suma evidencia de que la automatización también afecta al empleo, sin contar aún los impactos de la inteligencia artificial.
Los datos que cita la columna van en esa línea. Los empleos formales cayeron en 86 mil personas en el último año, mientras los costos de mano de obra aceleraron su alza. Hace más de un año, además, crece la distancia entre el Índice de Costos Laborales y el de Remuneraciones. Según el autor, el deterioro comenzó mucho antes de la crisis del petróleo.
Para traducirlo al bolsillo: a la empresa le cuesta cada vez más contratar, pero eso no llega en la misma proporción al sueldo del trabajador. El columnista sostiene que incluso quienes conservan su empleo ven un menoscabo en sus ingresos.
El autor atribuye este escenario a la suma de varias leyes de los últimos cinco años. Menciona la reducción de la jornada laboral, el aumento de las cotizaciones para pensiones y un reajuste del salario mínimo que, a su juicio, golpea especialmente a las pymes. Reconoce que algunas de estas medidas son valoradas o imprescindibles, pero afirma que juntas encarecieron el empleo.
Sobre las salidas, plantea que el estímulo fiscal tiene límites de recursos para ampliarlo o prolongarlo. Las reformas laborales, que considera urgentes, todavía deben tramitarse en el Congreso.
Como alivio de plazo más corto, propone un fuerte aumento de la inversión privada, apoyado en el proyecto de reconstrucción, la energía y la minería. Para eso, pide acelerar la tramitación de los proyectos tanto en los organismos administrativos como en los tribunales.