Una tarde de la semana pasada, en el Palau de la Generalitat, representantes del Gobierno catalán y del Vaticano se reunieron para afinar la visita del Papa a Cataluña. El itinerario quedaba trazado: el 9 de junio, León XIV presidiría una vigilia nocturna en el Estado Olímpico; al día siguiente, visitaría el monasterio de Montserrat y, más tarde, Barcelona sería escenario de la inauguración de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia. Pero, tras una cena informal, el consejero de Justicia, Ramón Espadaler, antiguo dirigente democristiano integrado al giro socialista de Salvador Illa, introdujo una variación inesperada. Espadaler propuso que el Papa visitara la cárcel de Brians 1 de camino a Montserrat y la idea fue acogida con entusiasmo por el sacerdote mexicano José Nahúm Jairo Salas, coordinador de los viajes apostólicos del Vaticano.