El Parlamento de Irak eligió este sábado a Nizar Amedi como nuevo presidente de la República, tras una sesión boicoteada por bloques opositores y varios aplazamientos desde las elecciones parlamentarias de noviembre. Amedi, ingeniero de 1968 nacido en la provincia de Duhok, en la región del Kurdistán iraquí, forma parte del consejo directivo de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) y ejerció como ministro de Medio Ambiente en el gobierno saliente de Mohamed Shia al Sudani, pero renunció en octubre de 2024 para centrarse en su partido. En la votación, la primera ronda arrojó 208 votos para Amedi y, en la segunda, llegó a 227 frente a 15 del oponente, Muthanna Amin, según el recuento oficial. Siete votos fueron declarados nulos en una sesión a la que solo acudieron 249 diputados, tras el boicot de formaciones como el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), la coalición Estado de Derecho y el Movimiento Hoqud, que alegaron falta de consenso sobre quién debe liderar el cargo y disputas entre bloques. La elección se inscribe en la lógica de cuotas sectarias que rige la política iraquí, donde el cargo suele recaer en un kurdo, y de cara a que el presidente tenga un plazo de 15 días para encargar al líder del bloque parlamentario mayoritario la formación de un Gobierno y la designación de un primer ministro. En ese marco, el presidente del Parlamento, Haibat al Halbusi, llamó a la coalición mayoritaria a presentar un nombre para el cargo de primer ministro dentro del plazo constitucional. Tras el anuncio, el primer ministro saliente, Mohamed Shia al Sudani, reaccionó con un mensaje buscando estabilidad y una salida a la polarización. Este proceso adquiere relevancia para la región y, por extensión, para Chile, porque la estabilidad iraquí incide en el comercio y la seguridad regional, incluido el flujo de energía y la cooperación en materias de seguridad que afectan a Latinoamérica. En ese contexto, la elección de Amedi se lee como un paso más en la deteriorada configuración de alianzas internas de Irak, marcado por tensiones entre kurdos, chiíes y otros actores, y con posibles efectos en la dinámica geopolítica de la región.