Un ciudadano jordano, Mohammad Odeh Saleh, de 65 años, fue detenido en Pagadian City, en el suroeste de la isla de Mindanao, Filipinas, por exceder el plazo de su visa y operar un negocio sin la autorización migratoria correspondiente. La detención, informada por una unidad militar local, sigue a la aparición del nombre del negocio de Odeh en registros vinculados a los hombres acusados del atentado ocurrido en Bondi Beach, Sydney, en diciembre de 2025.
La 1st Infantry Division, una unidad del Ejército de Filipinas, dijo en un comunicado que registros de inteligencia indicaron que Sajid Akram y su hijo, Naveed Akram, habrían visitado una cafetería de Odeh en Davao City, donde se alojaron durante cuatro semanas antes del ataque. Malinche Tomarong, vocera de la 1st Infantry Division, afirmó que “nuestras unidades de inteligencia verificaron todos los lugares que los sospechosos visitaron. Uno de los lugares fue una cafetería propiedad de un jordano en el área de Davao”.
La misma unidad militar precisó que una investigación inicial no ha establecido una implicación directa de Mohammad Odeh Saleh en actividad terrorista, pero que permanece como persona de interés para profundizar el análisis de posibles vínculos y riesgos de seguridad. Según registros de inmigración citados por las autoridades filipinas, Odeh obtuvo una visa de residencia temporal en 2023 que expiró en marzo de 2025 y permaneció en el país aproximadamente 10 meses más de lo permitido.
El atentado en Bondi Beach es el acto terrorista más letal en la historia reciente de Australia, con 15 muertos y 40 heridos, según las autoridades australianas. Sajid Akram murió abatido durante el ataque; su hijo Naveed enfrenta 59 cargos, entre ellos homicidio y delitos por terrorismo. La detención en Filipinas se produjo tras una revisión de seguridad motivada por la investigación sobre la estancia de los acusados en Mindanao.
Mindanao, en el sur de Filipinas, registra desde hace años operaciones de vigilancia por parte del Estado por la presencia histórica de grupos armados en la región, lo que explica la atención de las fuerzas militares a movimientos de extranjeros y negocios locales. Las autoridades filipinas también señalaron movimientos previos del detenido entre Jordania, Arabia Saudita y Australia, según los registros de viaje citados, aunque no ofrecieron detalles públicos adicionales.
Para Chile y América Latina, el caso es relevante porque ilustra cómo actores implicados en atentados pueden moverse por múltiples jurisdicciones y alojarse en territorios donde las pruebas de vinculación no son inmediatas. Esto subraya la necesidad de coordinación internacional en control migratorio e intercambio de inteligencia, un punto que ya han enfrentado países con alto flujo migratorio. Además, plantea preguntas sobre los criterios de otorgamiento y renovación de visas temporales, y sobre cómo las autoridades civiles y militares comparten información en procesos que mezclan delitos migratorios con investigaciones antiterroristas.
La investigación en Filipinas continúa y las autoridades no han anunciado cargos por terrorismo contra Mohammad Odeh Saleh. El siguiente paso probable es que las indagaciones forjen conexiones documentales entre los movimientos de los acusados y terceros, y que Australia y otros países afectados busquen cooperación para esclarecer contactos y logística previos al ataque. En lo inmediato, el caso mantiene abierta la investigación sobre la red de apoyo que pudo facilitar la estancia de los atacantes en el extranjero.