Desde el domingo, en el Estado de Jalisco y en varias entidades de México, la muerte de Nemesio Rubén Oseguera, conocido como El Mencho, desencadenó una ola de violencia que dejó a ciudades paralizadas y a residentes en alerta. Chilenos que viven en la región describen humo en las calles, comercios cerrados y patrullajes intensos, mientras persisten bloqueos en rutas y reportes de incendios tras el operativo militar en la sierra de Tapalpa.

La emergencia coincidió con una reacción coordinada de grupos criminales vinculados al Cartel Jalisco Nueva Generación, la organización responsable del liderazgo de El Mencho. Ese grupo ha sido señalado por autoridades mexicanas y por la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos, DEA por sus siglas en inglés, que llegó a ofrecer 15 millones de dólares por información que condujera a su captura. La respuesta fue una combinación de narcobloqueos, quema de vehículos y ataques a comercios, que se reportaron en al menos 20 estados del país y motivaron cancelaciones de vuelos y suspensión de clases presenciales en cuatro estados.

En México residen 7.493 personas de origen chileno, según el Segundo Registro de Chilenos en el Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Muchos de ellos viven en Jalisco, y las voces recogidas por esta nota dan cuenta de la sensación de confinamiento y vulnerabilidad. "Todo está cerrado, no hay nadie en las calles", dijo Eduardo Canepa, chileno que reside en la Ciudad de México, usando la sigla CDMX para referirse a la capital. Canepa añadió que la violencia se sintió también en las periferias y en carreteras, donde hubo incineraciones de vehículos.

Cristian De Rivera, chileno de 54 años que lleva 16 años en Jalisco, relató cómo la ciudad se fue apagando: "Cuando salí de casa para trabajar, el domingo, ya había humo por todas partes. La ciudad comenzó a cerrarse". Sus palabras ilustran la rápida expansión del miedo, desde la sierra donde fue abatido Mencho hasta los barrios urbanos, aun cuando el operativo tuvo lugar en una zona rural.

El episodio expone la fragilidad del tejido urbano frente a la violencia organizada, y la manera en que los choques entre el Estado y las estructuras criminales impactan a la población civil. A nivel institucional, el despliegue militar y policial buscó restablecer el control, pero en barrios y carreteras la tensión se mantuvo durante horas. No hay en esta nota un parte oficial de la Cancillería indicando chilenos lesionados o evacuados.

Para la comunidad chilena en México, la jornada reforzó la incertidumbre sobre la seguridad cotidiana y la necesidad de canales claros de comunicación consular. A nivel regional, la caída de una figura de alto perfil en el crimen organizado reaviva el debate sobre las estrategias de enfrentamiento al narcotráfico, la influencia transnacional de los carteles y las consecuencias que pagan los civiles.

Mientras las autoridades mexicanas continúan las operaciones y las investigaciones en torno al operativo en Tapalpa, la calma observada en algunas calles contrasta con la memoria reciente de incendios y bloqueos. Para los chilenos entrevistados, la apuesta inmediata es recuperar la rutina y la certeza de que pueden transitar sin riesgo, algo que por ahora sigue siendo frágil.