A cinco semanas de los comicios presidenciales en Perú, la carrera por el Palacio de Gobierno se concentra en tres nombres: Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori y Alfonso López Chau, mientras la ciudadanía se prepara para votar el 12 de abril por el nuevo presidente, por los integrantes del Congreso y por los representantes en el Parlamento Andino. La elección llega en un momento de fuerte convulsión institucional y social, luego de una década con cambios constantes en la jefatura del Estado y del reciente nombramiento de José María Balcázar como presidente interino por el Congreso.

La oferta electoral es extraordinariamente fragmentada, con 36 candidaturas inscritas, la cifra más alta de la región. Ese pluralismo coincide con la decisión del Legislativo de volver a un Congreso bicameral, lo que añade complejidad a la contienda y a la posibilidad de acuerdos posteriores. En las calles predomina el desánimo, mientras en los mítines se mezclan promesas de orden, estabilidad y correcciones al sistema político.

Los tres punteros representan polos distintos y, a la vez, comparten vetas populistas. Rafael López Aliaga es un empresario y exalcalde de Lima (2023-2025), identificado con la derecha conservadora y el discurso moralizante; sus críticos recuerdan declaraciones polémicas en las que llegó a desear la muerte de adversarios, según esa crítica pública. Keiko Fujimori es una política peruana, hija del expresidente Alberto Fujimori y lideresa del partido Fuerza Popular, organización que ha sido central en la política peruana durante la última década; su figura polariza: tiene un caudal de votos importante, pero fuertes índices de rechazo. Alfonso López Chau se presenta como economista y académico y se ubica como alternativa desde el centro, aunque ha sido tildado por adversarios de posiciones próximas a la izquierda.

Las encuestas muestran esa tensión entre preferencia y rechazo. Según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), López Aliaga acumula un 57,9% de opiniones negativas, mientras que Keiko Fujimori registra un 77,4% de evaluación negativa. Esa paradoja explica por qué, pese a altos niveles de desaprobación, ambos siguen encabezando los sondeos: la fragmentación del voto y la falta de una figura claramente emergente al centro benefician a candidaturas con base movilizada y reconocimiento nacional.

El marco institucional agrava la incertidumbre. Esta semana el Congreso destituyó al presidente José Jerí y eligió a José María Balcázar, congresista de 83 años del partido Perú Libre, como jefe de Estado interino hasta el 28 de julio de 2026. Ese episodio se suma a una serie de crisis que han marcado la política peruana reciente y que transforman cada elección en una suerte de referendo sobre la gobernabilidad.

Para la región, y en particular para Chile, la elección peruana importa en términos concretos: además de la dimensión diplomática y comercial, la inestabilidad política puede traducirse en flujos migratorios y en cambios en la cooperación bilateral en seguridad y desarrollo. En lo inmediato, las semanas que vienen definirán si la primera vuelta encamina a una segunda ronda entre favoritos polarizados o si emerge una coalición moderadora capaz de disputar el centro en un país que busca, con urgencia, estabilidad y rumbo.

La campaña entra ahora en su fase decisiva, con los candidatos afinando mensajes, buscando alianzas y tratando de convertir el rechazo en electores útiles. El 12 de abril no solo se vota a un presidente, se diluye o se reafirma un ciclo de inestabilidad que la región observa con atención.