Perú vive una década de inestabilidad política, con ocho presidentes en diez años. El cambio de hoy se produce en medio de un Congreso fragmentado y de elecciones presidenciales convocadas para el 12 de abril de 2026.
El congresista José María Balcázar, de 83 años y militante de Perú Libre, fue elegido presidente interino por el Congreso con 60 votos frente a 46 de María del Carmen Alva, de Acción Popular. Balcázar, exjuez, asumirá el cargo hasta el 28 de julio de 2026, cuando debe ser investido el ganador de las elecciones. Según el diario El Comercio, el nuevo presidente ha sido objeto de cuestionamientos y ha defendido públicamente posturas controvertidas como el matrimonio infantil, según la prensa local.
Consecuencias inmediatas Balcázar dijo que mantendrá la política económica y que su mandato tendrá como prioridad una transición democrática y la pacificación. En lo práctico, la continuidad verbal de la política económica puede aminorar el impacto en los mercados, pero la ausencia de estabilidad política aumenta la incertidumbre para la inversión y para proyectos binacionales.
Impacto para Chile Chile sigue con atención los cambios en Lima por efectos en comercio, migración y proyectos transfronterizos. El futuro canciller Francisco Pérez Mackenna se reunió con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, el organismo regional que financia infraestructura y programas en América Latina, y expresó respeto por el cambio presidencial. A corto plazo, la variable política puede retrasar decisiones sobre inversiones y cooperación bilateral.
quién gana y quién pierde Gana Balcázar y su bancada, que lograron articular votos en segunda vuelta. Pierde el presidente interino José Jerí, destituido hoy mediante una moción de censura que obtuvo 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones, y que enfrentaba investigaciones por presunto tráfico de influencias, según informes. Pierde también la opción de centroizquierda que postuló a Alva, incapaz de reunir apoyos suficientes.
Qué queda por ver La situación decisiva será la elección del 12 de abril. Si el ganador logra estabilizar el Ejecutivo, la volatilidad política podría ceder. Si no, la inestabilidad seguirá afectando la gobernabilidad y proyectos con impacto económico en la región. Para la ciudadanía peruana, y para vecinos como Chile, la pregunta es si este interinato servirá sólo para gestionar la transición o si profundizará la desconfianza en las instituciones.
