El escrutinio de las elecciones presidenciales de Perú concluyó este viernes al 100% de los votos contabilizados, dejando listo el escenario para una segunda vuelta el 7 de junio entre Keiko Fujimori de Fuerza Popular y Roberto Sánchez de Juntos por el Perú. En el conteo final, Fujimori fue la candidata más votada con el 17,18% de los votos válidos, al obtener 2.877.678 apoyos, mientras que Sánchez logró el 12,03% con 2.015.114 sufragios. En tercer lugar quedó el ultraderechista Rafael López Aliaga de Renovación Popular, con el 11,90% y 1.993.904 votos. El desenlace se dio luego de semanas de revisión ante retrasos en la apertura de colegios, especialmente en Lima, que se convirtió en el principal feudo electoral de la contienda.
Este proceso brindó, además, un dato llamativo en la historia peruana reciente: la segunda vuelta se definirá en una contienda entre la candidata hija del expresidente Alberto Fujimori y el candidato que representa al gobierno de Pedro Castillo, exmandatario detenido, delineando un choque entre dos generaciones políticas con peso en la población peruana. El escrutinio fue uno de los más extensos de la historia por el estrecho margen entre el segundo y tercer lugar, comparable a lo sucedido en las elecciones de 2016 y 2021, cuando la definición presidencial se resolvió por apenas unos pocos miles de votos.
A nivel nacional, el alud de votos blancos y nulos también dejó una marca: representaron el 16,84% del total, equivalente a 3.418.321 votos, una cifra superior a la obtenida por cualquiera de los candidatos. En total, sesenta jurados electorales especiales debieron revisar más de 5.000 actas impugnadas por diversas inconsistencias, obligando a recontar extensa y minuciosamente varias actas a lo largo del país.
Para quienes observan la región desde Chile, la definición en Perú llega en un periodo de inestabilidad política que ha sido notable en los últimos años, con cambios de gobierno y un voto desencantado que se refleja en la magnitud de la abstención y en la desafección de la clase política. La economía peruana, con su producción minera y agrícola, suele estar influida por el giro político, por lo que el resultado de la segunda vuelta podría impactar también en la confianza de inversionistas y mercados regionales. En ese marco, la carrera hacia el 7 de junio se perfila como uno de los momentos políticos más decisivos de la década para Perú, y su impacto podría resonar en la región.
