Hasta septiembre, el fondo E de las AFP (administradoras de fondos de pensiones) acumulaba una caída real de 10,39%, uno de sus peores resultados desde que existe, según Diario Financiero. El medio, que destapó el caso en una nota de Señal DF, apunta a los swaps de tasa de interés que las administradoras contrataron en el mercado internacional.
El golpe llega en un momento en que la industria parecía más tranquila. Después de los retiros previsionales y del movimiento No+AFP, la reforma previsional aprobada durante el gobierno de Gabriel Boric había calmado el debate.
El fondo E es el más conservador del sistema. Está compuesto mayoritariamente por renta fija, sobre todo bonos chilenos, que también sufrieron por el alza de las tasas locales. Hasta ahí, nada raro.
El problema estuvo en los swaps. Un swap es un contrato en que dos partes intercambian pagos. En este caso, la AFP recibía una tasa fija y pagaba una variable. Según el reportaje, el efecto equivale a comprar un bono de largo plazo sin poner el capital.
Piénsalo como apostar al precio de una casa sin comprarla. Si el precio sube, ganas como si fuera tuya. Si baja, pierdes igual. Esa estructura alarga la duración de la cartera, es decir, la vuelve más sensible a los cambios de tasas.
La apuesta funcionaba si las tasas bajaban en Estados Unidos. Pero subieron, empujadas, según DF, por la guerra y los conflictos arancelarios. El fondo seguía viéndose lleno de renta fija, pero su exposición a las tasas estadounidenses se había multiplicado.
Un alto ejecutivo de la industria financiera, que pidió reserva, fue duro con las AFP. "Apostaron con la plata de otros", dijo. Según él, la duración normal de estos activos es de siete años, no 15, y la pérdida cercana a US$ 10.000 millones equivale al capital de toda la industria de seguros en Chile. En una aseguradora, agregó, los primeros en perder serían los dueños. Aquí perdieron los afiliados.
El exsuperintendente de Pensiones Guillermo Larraín pidió a las AFP corregir la falta de información. A su juicio, ese vacío solo alimenta la especulación, el temor y la rabia, y las administradoras deberían tener una actitud más proactiva.
¿Y el regulador? El 9 de abril, la Superintendencia de Pensiones publicó una norma sobre derivados en los fondos. Fijó un límite de máxima exposición en derivados (LED), definido como la pérdida estimada de esa cartera bajo estrés, medida como porcentaje del fondo.
Ese tope quedó en 3% para los fondos A y B, 2,5% para el C y 2% para los fondos D y E. Las AFP recibieron 210 días corridos para ajustarse, plazo que vence en noviembre. Larraín advirtió que en ese período las tasas subieron 20 puntos base entre abril y junio, y 50 puntos base después.
Arturo Cifuentes, investigador de Clapes UC, el centro de estudios económicos de la Universidad Católica, cuestiona el diseño de las reglas. Sostiene que el riesgo debe controlarse con una métrica para todo el portafolio, como el CVaR (que estima cuánto se podría perder en el peor escenario), y no con topes por tipo de activo. En el fondo E, afirma, no había límite de duración.
La diferencia es simple. Los topes por tipo de activo dicen cuánto puedes tener en acciones o bonos. El CVaR pregunta cuánto podrías perder. Según DF, no es infalible ante movimientos bruscos, pero agrega un filtro.
El caso abre preguntas sobre los fondos generacionales que crea la reforma, hoy en implementación, aunque la fuente no detalla si quedarán expuestos al mismo riesgo. Un experto consultado bajo reserva por DF planteó que podrían surgir acciones legales si hay cotizantes que consideran que las AFP incumplieron su deber fiduciario, la obligación de cuidar el dinero ajeno.
