El Fondo Monetario Internacional (FMI), con sede en Washington, informó que está siguiendo de cerca la profundización de la crisis en Medio Oriente y que ya aprecia efectos tempranos en flujos comerciales, precios energéticos y mercados financieros, pero sostuvo que sigue siendo prematuro cuantificar el alcance global.

En un comunicado, el organismo señaló que "hasta el momento, hemos observado perturbaciones en el comercio y la actividad económica, aumentos repentinos de los precios de la energía y volatilidad en los mercados financieros". El FMI añadió que el impacto final dependerá de la magnitud y la duración del conflicto, y adelantó que entregará una evaluación más exhaustiva en las Perspectivas Económicas Mundiales de abril.

La lectura del FMI subraya cómo una crisis regional puede trasladarse a la economía mundial por varias vías. Primero, por la alteración de suministros energéticos y el aumento del precio del petróleo, que empuja los costos de combustibles y fletes. Segundo, por riesgos sobre rutas marítimas estratégicas, como el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, que elevan las primas de seguro y los tiempos de entrega. Tercero, por la reacción de los inversores, que puede traducirse en mayor volatilidad para mercados emergentes.

Desde la perspectiva chilena, esos canales son relevantes. Chile vende cobre al mundo y depende de importaciones de combustibles y algunos insumos agrícolas y fertilizantes cuyo precio está ligado a los mercados energéticos y logísticos. Un alza sostenida del petróleo presiona la inflación y, por ende, complica la labor del Banco Central de Chile, el banco central encargado de la política monetaria. Además, mayores costos de flete y seguros encarecen las exportaciones e importaciones, afectando la competitividad de las pymes exportadoras.

Las economías de América Latina, en general, suelen ser sensibles a episodios de aversión al riesgo global. Si la tensión se prolongara, los mercados podrían descontar un mayor riesgo para activos emergentes y provocar salidas de capital que presionen monedas locales. No obstante, el FMI insistió en que aún no hay información suficiente para proyectar impactos concretos sobre crecimiento o inflación regional.

Las autoridades económicas chilenas y los inversionistas estarán atentos a dos señales clave en las próximas semanas: la evolución de los precios del petróleo y el comportamiento de las cadenas logísticas globales. El informe de abril del FMI servirá para calibrar escenarios más formales, pero mientras tanto los efectos inmediatos ya observados obligan a monitorear la inflación, los costos logísticos y la exposición de exportadores e importadores.

En resumen, el mensaje del FMI es de cautela: la crisis en Medio Oriente ya genera perturbaciones que llegan a mercados y comercio, pero saber cuánto y por cuánto tiempo afectará a Chile y al resto del mundo requiere más información y dependerá de la evolución del conflicto.