Un equipo de investigadores de la Universidad Johns Hopkins publicó en la revista Science en 2024 un experimento con Kanzi, un bonobo (Pan paniscus) conocido por su capacidad comunicativa, que aporta evidencia experimental de que los simios pueden representar objetos inexistentes y distinguir entre lo real y lo imaginario. La historia fue recogida también por CNN.
Los autores, Amalia Bastos y Christopher Krupenye, diseñaron varias pruebas con jugo y uvas para separar la imitación de la imaginación. En una primera tarea, Kanzi identificó correctamente cuál de dos botellas contenía jugo real en 18 intentos, acertando todas las veces. En la prueba clave, un investigador fingió verter jugo de una jarra vacía en dos vasos transparentes, y luego “devolvió” ese jugo imaginario solo desde uno de los vasos. Al preguntarle "¿Dónde está el jugo?", Kanzi eligió el vaso que, dentro de la escena imaginaria, aún contenía jugo en el 68% de las ocasiones, una proporción superior al azar.
El llamado juego de simulación, o juego simbólico, es la capacidad de crear y participar en escenas imaginarias, como fingir que un vaso vacío tiene líquido. En psicología evolutiva, esa forma de imaginación ha sido tradicionalmente considerada propia de la niñez humana. Estos resultados indican que al menos algunos simios pueden representar objetos inexistentes en contextos controlados.
Sin embargo, el hallazgo no es concluyente sobre la generalidad de la capacidad en la especie. Kanzi era un individuo excepcional: vivió en contacto prolongado con humanos, comprendía indicaciones verbales y usaba un lexigrama, una tabla de símbolos, con más de 300 signos para comunicarse. Eso facilita tareas cognitivas complejas, pero también plantea la posibilidad de que sus respuestas se deban a aprendizaje social o a pistas sutiles del experimentador. Los autores reconocen la necesidad de replicar los experimentos con más individuos y con protocolos que minimicen cualquier señal involuntaria.
La comunidad científica que estudia cognición animal recibirá este estudio como una pieza más en un debate en curso. Si se confirma en otros simios, la capacidad de imaginar podría ser más antigua en la evolución de los primates de lo que se pensaba, lo que obligaría a revisar teorías sobre el origen del pensamiento simbólico en los humanos. Para investigadores chilenos interesados en cognición comparada, el trabajo abre preguntas sobre replicación local y sobre cómo diseñar experimentos que eviten el sesgo del experimentador.
En términos prácticos, los resultados también alimentan discusiones éticas sobre el trato de primates no humanos en cautiverio, ya que reconocer capacidades imaginativas puede influir en normas de bienestar y en decisiones sobre investigación. Los próximos pasos son claros: estudios replicados, muestras más amplias y diseños a prueba de señales involuntarias. Solo así se podrá saber si lo observado en Kanzi refleja una capacidad amplia en los bonobos o una combinación única de aprendizaje y contexto individual.
