Los mercados energéticos se tensaron esta semana por la escalada diplomática y militar entre Estados Unidos y Irán, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump diera un plazo de 10 a 15 días para avanzar en un acuerdo sobre el programa nuclear iraní y Estados Unidos reforzara su despliegue militar en Medio Oriente.
El impacto fue inmediato en los precios: el Brent subió con fuerza y el West Texas Intermediate, la referencia de crudo en Estados Unidos, también registró ganancias. En la semana el mercado registró un alza cercana al 6%, según operadores que siguen las cotizaciones internacionales.
La escalada incluyó reportes del Wall Street Journal sobre la posibilidad de ataques limitados por parte de Washington y el mayor despliegue militar estadounidense en la región desde 2003, año previo a la invasión de Irak. Robert Rennie, jefe de investigación de materias primas en Westpac Banking Corp., afirmó "seguimos pensando que Trump está intensificando la presión más que a punto de apretar el gatillo", un punto de vista que refleja la incertidumbre sobre una acción militar directa.
Irán, miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), produce más de 3 millones de barriles diarios de crudo, aproximadamente el 3% de la oferta global, y exporta buena parte de esa producción a China. El principal riesgo para el mercado es la posibilidad de que Teherán decida cerrar el estrecho de Ormuz, la vía por la que circula una proporción significativa de las exportaciones petroleras del golfo Pérsico.
Los analistas advierten que una campaña sostenida contra Irán podría empujar aún más los precios, lo que tendría efectos directos en las economías consumidoras. En Estados Unidos esto también adquiere una dimensión política, porque el encarecimiento de la gasolina puede afectar a los votantes antes de las elecciones legislativas.
Para Chile la subida del crudo tiene implicancias concretas. Como país importador de combustibles, un alza prolongada de los precios internacionales puede trasladarse a mayores precios en surtidores, encarecer fletes y costos logísticos, y ejercer presión al alza sobre la inflación. Eso complica el cuadro que monitorea el Banco Central de Chile, aunque el efecto final dependerá de la duración del choque y de las coberturas que tengan las empresas importadoras.
Los inversionistas locales ya han reaccionado a la mayor volatilidad: mercados bursátiles internacionales cerraron a la baja por la tensión, un factor que suele generar nerviosismo en carteras chilenas expuestas a renta variable extranjera. En el frente diplomático, la ventana de negociación que planteó la administración estadounidense es corta, y la falta de claridad sobre pasos concretos de Teherán mantiene a los operadores en alerta.
En las próximas semanas los indicadores a observar serán la evolución del precio del Brent, cualquier alteración del tránsito por el estrecho de Ormuz, y señales diplomáticas que reduzcan o aumenten la probabilidad de conflicto. La situación sigue siendo fluida y, como muestran los mercados, cualquier escalada adicional podría traducirse rápidamente en mayores costos para consumidores y empresas en Chile y la región.
