Angelo Pierattini, cantautor chileno y ex vocalista de la banda Weichafe, habló por primera vez tras despertar de un coma inducido a poco más de un mes del grave accidente que sufrió en la Ruta 68. El choque ocurrió el 29 de diciembre de 2025, cerca de las 13.00 horas, y lo dejó con un hematoma por fractura craneal, la rotura de cuatro costillas y complicaciones pulmonares; fue trasladado a la Mutual de Seguridad, donde recibió atención médica y quedó en coma inducido.

En el patio de su casa en El Quisco, donde vive desde hace dos años con su esposa Begoña Olavarría, Pierattini, de 48 años, contó que al recobrar la conciencia sintió, sobre todo, el respaldo de la gente. "Cuando desperté del coma, sentí amor, cariño y fraternidad", dijo, y enfatizó que ese apoyo de la familia, los amigos y colegas fue clave para su recuperación. No detalló nombres de profesionales que lo atendieron ni un cronograma médico concreto, pero sí agradeció la lealtad del entorno.

Como frontman de Weichafe, una de las bandas esenciales del rock chileno de fines de los 90 y principios de los 2000, Pierattini quedó asociado a la imagen del "guerrero", traducción del término weichafe del mapudungún al español. Esa etiqueta, explicó, fue resignificada por el público tras el accidente: "Me han escrito caleta ese adjetivo, casi como un apodo", dijo con orgullo. La idea del combate y la resistencia, propia del imaginario de la banda, cobró ahora una dimensión más íntima y cotidiana.

El músico recuperó además una lectura nueva de su propio repertorio. Pierattini recordó la canción Las cosas simples, compuesta en 2003 y hoy para él una suerte de brújula: "Hoy tengo la certeza de las cosas simples. Las valoro", comentó, y citó versos de la canción como una confirmación de ese aprendizaje. Hizo una reflexión sobre el oficio creativo, evocando a Charly García, el músico argentino, para subrayar que muchas veces el artista siente que "es más un médium de la energía musical que un creador".

El cantante afirmó que el accidente "no interrumpió nada, sólo fortaleció y profundizó lo que ya venía viviendo". Esa frase, en boca de alguien que ha sido parte de la escena rock nacional durante décadas, instala una lectura donde la lesión física se convierte en punto de inflexión emocional y creativo. Pierattini no anunció fechas de retorno a los escenarios ni proyectos concretos; dijo que por ahora prioriza la recuperación y el tiempo con su familia.

La recuperación de Pierattini se suma a un relato recurrente en la cultura chilena, donde la salud de artistas se transforma en un acto público y comunitario: la respuesta de colegas y público que él describe recuerda a episodios de solidaridad que han marcado la escena local. En clave más amplia, su testimonio vuelve a poner en primer plano cómo la música funciona como memoria y reparación, y cómo una canción escrita veinte años atrás puede reaparecer como espejo de una experiencia vital.

Quedan por confirmarse los detalles médicos a largo plazo y cualquier calendario de reencuentro con los escenarios. Mientras tanto, su aparición pública inaugura una nueva etapa: la de un artista que relee su obra a la luz de la fragilidad, y que recupera, según dijo, una certeza sobre las cosas simples que antes sólo intuía.