La primera noche del Festival de Viña del Mar, en la Quinta Vergara, arrancó con una obertura joven que rápidamente dio paso a voces nacionales y a momentos pensados más para el público que para el protocolo. El certamen abrió anoche con una sucesión de actuaciones que buscaron equilibrar tradición y ritmo contemporáneo.
Nico Ruiz, cantante chileno, apareció en medio de un cuerpo de baile para interpretar "El tiempo en las bastillas" de Fernando Ubiergo, el cantautor chileno autor de la canción. La elección ancló la velada en una genealogía musical local, un gesto que el público celebró con aplausos sostenidos. Luego subió al escenario Camila Gallardo, cantante chilena conocida por su potencia vocal, vestida de negro impecable para cantar "Si somos americanos" de Rolando Alarcón, el folclorista y compositor chileno, una pieza que remite a la canción social latinoamericana.
En contraste, la artista Princesa Alba, cantante chilena, apareció con un traje blanco y ofreció un número de marcado carácter pop, con repertorio atribuido a Miami Sound Machine, la banda liderada por la cantante cubanoestadounidense Gloria Estefan. En la programación del festival la canción figura como "Coca"; no está claro si se trata de un error de cartelera o de una versión propia del tema, puesto que lo más conocido del conjunto es "Conga".
La animadora del certamen, Karen Doggenweiler, presentadora de televisión chilena, irrumpió en escena y bailó junto al elenco, en una aparición que mezcló celebración y espectáculo. Más tarde presentó a su compañero de animación, Rafael Araneda, conductor de televisión chileno, quien retomó el hilo de la ceremonia.
Un gesto que marcó la noche fue el del jurado: cada miembro portó un micrófono y dirigió un mensaje al público, por primera vez con ese formato en la animación. Ese momento desplazó parte de la atención desde los artistas centrales hacia quienes juzgarán las presentaciones, y dio un matiz más interactivo a la velada.
La noche también dejó la sensación de un festival que intenta balancear lo local y lo foráneo, poniendo canciones de raíz chilena junto a números de corte internacional y formatos de espectáculo que buscan viralizarse. Esa tensión entre tradición y espectáculo masivo es una constante del Festival de Viña, que funciona tanto como escenario cultural como termómetro de lo que ocurre en la música popular nacional.
Para la jornada de cierre del primer bloque, el programa anuncia como figuras principales a Gloria Estefan, cantante cubanoestadounidense conocida por éxitos con Miami Sound Machine; Stefan Kramer, comediante e imitador chileno; y Matteo Bocelli, cantante italiano hijo del tenor Andrea Bocelli. La presencia de Estefan conecta el show con la tradición de la música latina global, mientras que Kramer y Bocelli proponen distintos códigos de entretenimiento: la comedia local y la canción internacional.
La primera noche dejó al público con expectativas claras: el festival reafirma su rol de vitrina para artistas chilenos y plataforma para nombres internacionales, y las decisiones de formato, como el micrófono al jurado, anticipan una edición que quiere conversar más directamente con la audiencia. Mañana se verá si esa apuesta mantiene la efervescencia o si vuelve a privilegiar los clásicos del espectáculo.
