Brandon Judd, embajador estadounidense en Chile, aseguró que continuará expresándose sobre asuntos políticos chilenos cuando considere que debe proteger los intereses de su país. La afirmación surge como respuesta a las advertencias del canciller Francisco Pérez Mackenna sobre no opinar en política interna.
"Si las personas se molestan por mis respuestas, es su problema", sostuvo Judd en entrevista con La Tercera, según reportó BioBioChile. El diplomático afirmó ser "un tipo diferente de embajador" y justificó su estilo agresivo: "La diplomacia de Estados Unidos ya no es la misma del pasado. La diplomacia de Estados Unidos se basa en logros".
Las críticas contra Judd se intensificaron después de que asegurase que el estallido social de 2019 fue orquestado por organizaciones de izquierda y que Washington disponía de información de inteligencia al respecto. En la entrevista, Judd rebatió la acusación implícita de interferencia: reiteró que Estados Unidos no realizó una investigación independiente en Chile. "No enviamos a nadie a investigar aquí en Chile. Lo que hicimos fue tomar toda la información que había y la analizamos", explicó.
Judd también enfatizó que no violó la ley chilena ni la Convención de Viena, el tratado internacional que rige el comportamiento de diplomáticos. "Voy a respetar la ley chilena y la Convención de Viena, pero voy a hacer todo lo necesario para defender los intereses de Estados Unidos", afirmó.
Detrás de esta defensa hay una tensión geopolítica más profunda. Judd advirtió sobre el cable submarino China-Chile, calificándolo como "un tema de soberanía", no comercial. Argumentó que si llega a Chile, el país "perderá su soberanía y no tendrá control", lo que pondría en riesgo la inteligencia compartida entre ambas naciones. "Nuestra línea roja es la soberanía", subrayó.
El diplomático también comparó la importancia económica de ambas potencias. Señaló que Estados Unidos ha sido el principal socio económico de Chile durante más de 30 años, mientras que China, aunque es el principal destino de las exportaciones chilenas, "invierte muy poco dinero en Chile y no crea empleos". Esta comparación refleja la competencia entre Washington y Pekín por la influencia en la región en un contexto de creciente multipolaridad en Asia-Pacífico.
El posicionamiento de Judd marca un quiebre con la diplomacia estadounidense tradicional, más discreta en asuntos políticos internos de otros países. Su disposición a intervenir públicamente sin mediar las convenciones diplomáticas de la prudencia refleja un cambio de estrategia en Washington para contrarrestar la influencia china en América Latina. Para Chile, esto significa una presión creciente para alinearse con las prioridades de seguridad de Estados Unidos en el Pacífico.