El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abás Araqchí, afirmó este domingo en una entrevista con la cadena estadounidense CBS que su equipo trabaja en un borrador de texto y que podría discutirlo en Ginebra con el enviado de Estados Unidos, Steve Witkof, el jueves próximo. Araqchí aseguró que existe "una buena posibilidad" de alcanzar un acuerdo para garantizar el carácter pacífico del programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones.

Las negociaciones entre Teherán y Washington se reiniciaron el 6 de febrero, en un contexto de alta tensión regional. En esa fecha, ambas partes retomaron contactos después de meses de ruptura diplomática, con Omán actuando como mediador en encuentros indirectos en Ginebra. Desde entonces, Irán presentó que prepararía una propuesta y la Casa Blanca, presidida por Donald Trump, fijó un plazo de 10 a 15 días para avanzar en la diplomacia, mientras valoró opciones militares limitadas para presionar a Irán.

Las diferencias siguen siendo profundas. Irán declara innegociable su programa de misiles y su apoyo a milicias regionales como Hizbulá y Hamás, mientras que Estados Unidos busca incluir esos asuntos en cualquier arreglo. Sobre la cuestión nuclear, Teherán propone discutir límites al enriquecimiento, pero rechazó negociar el fin total del enriquecimiento que exige Washington.

Al mismo tiempo, Estados Unidos mantiene un fuerte despliegue militar en la región, con el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de combate, lo que Washington describe como un refuerzo para disuadir acciones hostiles. Fuentes consultadas por esta redacción señalan que se trata del mayor despliegue de fuerzas estadounidenses en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003, según informes públicos.

Históricamente, estas conversaciones remiten al acuerdo nuclear de 2015, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto, del que Estados Unidos se retiró en 2018 y que dejó a Irán bajo sanciones económicas severas. Un nuevo acuerdo podría implicar alivio sancionatorio y la reapertura de la participación de empresas extranjeras en el sector petrolero y gasífero iraní, un punto que Teherán ha dicho estar dispuesto a negociar.

Quién gana y quién pierde dependerá de los términos finales. Si se logra un entendimiento, Irán obtendría alivio económico y acceso a mercados energéticos; Estados Unidos y sus aliados, como Israel y Arabia Saudita, buscarán garantías verificables sobre restricciones nucleares. Si fracasa, el riesgo es una escalada militar que aumentaría la volatilidad de los precios del petróleo.

Para Chile y América Latina la relevancia es indirecta pero real. Un acuerdo podría reducir la tensión en el estrecho de Ormuz y moderar los precios internacionales del crudo, lo que tiene efecto sobre la inflación global y la economía chilena. En sentido contrario, una escalada aumentaría el riesgo para el comercio marítimo y presionaría al alza los costos energéticos.

Las próximas 48 a 72 horas serán clave: si se confirma el encuentro en Ginebra, las delegaciones evaluarán el borrador iraní y las posibles fórmulas de verificación y levantamiento de sanciones. Si no lo hacen, la combinación de presión diplomática y militar podría endurecer posiciones y reducir las opciones de salida pacífica.