La semana del 18 de junio, el costo de enviar un contenedor de 40 pies llegó a US$3.969, su nivel más alto en 18 meses y casi un 12% más caro que la semana anterior. En términos acumulados desde que estalló el conflicto entre Estados Unidos e Irán a fines de febrero, los fletes marítimos suman una alza de 109% a nivel global, según el índice Drewry World Container Index, el principal termómetro del sector.
La firma de un acuerdo de paz provisional entre Washington y Teherán abre la posibilidad de que esta tendencia empiece a revertirse. La Cámara de Comercio de Santiago (CCS), que agrupa a empresas importadoras y exportadoras chilenas, proyecta que los precios podrían comenzar a retroceder hacia el tercer trimestre del año, si el pacto se sostiene.
La consultora internacional Drewry explica que el acuerdo mejora la confianza del mercado porque reduce el riesgo de cortes en el estrecho de Ormuz, el angosto pasaje entre Irán y los Emiratos Árabes Unidos por donde transita una parte clave del petróleo y el gas natural mundiales. Menos riesgo en ese corredor significa menos presión sobre el combustible de búnker, el fuel que mueve los barcos de carga y que incide directamente en el precio de los fletes. Pero la propia Drewry advierte que la "fuerte demanda en temporada alta" y los recargos de las navieras siguen empujando las tarifas.
Para Chile, la historia es más complicada. La CCS aclara que el desbloqueo de Ormuz, si bien alivia parte de los costos, no es el factor más pesado para los importadores chilenos. El problema mayor sigue siendo el Mar Rojo: desde fines de 2023, los ataques de los hutíes, un grupo armado yemení aliado de Irán, obligaron a los barcos a rodear el continente africano por el cabo de Buena Esperanza, sumando semanas de viaje y miles de dólares por contenedor. Esa presión ya existía antes de que comenzara la guerra con Irán y no desaparece con el acuerdo de paz.
El gremio estima que la normalización completa de la ruta de Ormuz podría tomar hasta seis meses. Para el Mar Rojo, la situación es más incierta y no hay una fecha clara de retorno a la normalidad. Mientras tanto, los importadores chilenos seguirán pagando costos más altos, una presión que tarde o temprano se traslada al precio final de los productos en góndola.

