Tras la ceremonia de cambio de mando en el Congreso Nacional, en Valparaíso, y el almuerzo con delegaciones extranjeras en el Palacio de Cerro Castillo, la agenda del nuevo gobierno continuará en Santiago con una visita a terreno. Ese mismo día, 11 de marzo, el presidente José Antonio Kast se trasladará a la comuna de Ñuñoa para encabezar la inauguración del año escolar en el Liceo Augusto D'Halmar.
La hora exacta de la actividad dependerá de la duración de los actos protocolares y del traslado entre ambas regiones, según indican desde su entorno. La decisión de escoger ese establecimiento se tomó después de barajar opciones en Buin y Paine, y responde a la intención oficial de poner la educación como un eje visible desde el inicio de la administración.
El liceo ha sobresalido en los últimos años por sus resultados en la Prueba de Acceso a la Educación Superior, la PAES, y se ha ubicado como el establecimiento público con mejor desempeño en esa medición. Funciona además bajo el Sistema de Admisión Escolar, el mecanismo público de asignación de vacantes conocido coloquialmente como la “tómbola”, lo que hace más notorio el gesto: una escuela de alto rendimiento dentro de un sistema sin selección.
El tema educativo ha sido una constante en la trayectoria política de Kast. Como diputado integró la comisión de Educación de la Cámara de Diputados, y mantiene una relación directa con el mundo escolar porque su familia es sostenedora del Colegio Campanario, ubicado en Buin. Ese vínculo privado será un punto de atención durante la visita, pues abre interrogantes sobre la coherencia entre el mensaje público y las futuras políticas públicas.
Políticamente, la inauguración cumple varias funciones. Por un lado, le da al presidente una foto pública y un relato de prioridad en educación en su primer día en ejercicio. Por otro lado, llega en un contexto de tensión con el gobierno saliente, tras incidentes en el traspaso con el presidente Gabriel Boric, lo que convierte el acto en un gesto calculado para marcar agenda y tono propio.
Quién gana y quién pierde es claro en lo simbólico. Gana Kast y su equipo comunicacional, que logran visibilidad en un tema sensible para amplios sectores. Pierden los críticos y la oposición, que pueden usar la cercanía del nuevo mandatario con la educación subvencionada para cuestionar la seriedad de su compromiso con la equidad escolar. Para las familias y estudiantes, el impacto real dependerá de las políticas concretas que se anuncien en las semanas siguientes, más que de la visita en sí.
En perspectiva histórica, es habitual que mandatarios utilicen inauguraciones escolares para proyectar prioridades iniciales. La diferencia ahora será ver si la simbología se traduce en medidas sobre financiamiento, admisión y calidad. Las próximas señales del Ministerio de Educación y del equipo de Kast definirán si esta primera foto es el preludio de reformas profundas o un gesto puntual con valor comunicacional.
Los próximos pasos: seguimiento a los anuncios que acompañen la visita, scrutinio sobre posibles conflictos de interés relacionados con su sostenencia privada, y la lectura política que haga la oposición sobre la coherencia entre discurso y políticas. Para los ciudadanos, la pregunta clave seguirá siendo la misma, y no menor: esta priorización inicial, ¿mejorará efectivamente la calidad y la equidad de la educación pública?