En la provincia de Limarí, en la región de Coquimbo, la tensión hídrica no da respiro. A los bajos niveles de los embalses se suma la posibilidad de que, si no caen precipitaciones en las próximas semanas, mayo llegue con disponibilidad de agua para riego muy limitada o incluso nula. Este escenario no es un humo: las autoridades de la Junta de Vigilancia del Río Limarí, Río Grande y sus afluentes señalan que el efecto sería inmediato y distinto según el cultivo y el sistema de abastecimiento utilizado. «En los cultivos como cítricos y paltos, el daño puede ser significativo, incluso con pérdida total», advierte José Eugenio González, presidente de la junta, al referirse a frutales de hoja persistente que requieren riego durante todo el año. A diferencia de estos, los cultivos de hoja caduca o anuales pueden ajustar su demanda hídrica en invierno o incluso suspender su producción, lo que reduce el riesgo de pérdidas estructurales. El dirigente aclara que el impacto no será uniforme en toda la provincia, pues mientras ciertos sectores dependen de embalses y podrían enfrentar un corte total, otros que dependen de caudales de ríos tendrían una disponibilidad más limitada, obligando a una gestión más restrictiva del recurso.
Decisiones inmediatas en el campo. De concretarse este escenario, los agricultores deberán priorizar el uso del agua disponible, lo que podría traducirse en mantener ciertos cultivos a costa de otros o incluso suspender las siembras de temporada. En el caso de los cultivos permanentes las alternativas son acotadas. «En los cultivos permanentes el daño es significativo, es pérdida total prácticamente», enfatiza González, destacando que la escasez de riego no solo afecta la producción de una temporada, sino la viabilidad de los huertos para el futuro. El panorama está estrechamente ligado al comportamiento climático: depende de las lluvias y de la nieve, que permiten mantener caudales en primavera y verano. La ausencia de acumulación nivosa agrava la seguridad hídrica de la cuenca, advierten las autoridades, y coloca a Limarí frente a una decisión difícil que podría marcar el pulso económico de la zona.