Quienes tienen más de 55 años y buscan cambiar de empleo o volver al mercado laboral se están topando con dudas de empleadores y con menos ofertas, según testimonios y un análisis reciente de cifras oficiales al cierre de 2025.

El Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales (UDP) hizo un "zoom" a la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y confirmó que la situación tiene un componente estructural, no solo anecdótico.

El informe muestra que la población de 55 años y más creció 19,1% entre el cuarto trimestre de 2019 y el cuarto trimestre de 2025, muy por sobre el aumento general del 6,9% en ese mismo periodo, y en contraste con la caída del 6,4% en los jóvenes de 15 a 24 años. Al mismo tiempo, el mercado laboral para este grupo empeoró: la tasa de desempleo pasó de 3% a 5,8%.

Además, la tasa de ocupación de las personas 55+ bajó de 45,1% a 40,2% y la participación en la fuerza laboral cayó de 46,5% a 42,7%. La tasa de desempleo general subió 0,9 puntos porcentuales, mientras que para quienes tienen 55 o más años el aumento fue de 2,8 puntos porcentuales; aquí explico puntos porcentuales (pp), que es la forma de medir cambios absolutos en una tasa, no un cambio relativo.

Los testimonios ayudan a ponerle cara al dato. "Lo más difícil es que sigan creyendo en que uno tiene energía y una experiencia valiosa", dice Luis, farmacéutico de 56 años, quien busca alternativas laborales. "Ya has alcanzado el tope de tu carrera y especialización y es difícil seguir estudiando, ya estamos cansados", cuenta Jessica, ingeniera en construcción civil de 58 años, quien optó por una jubilación anticipada pero planea seguir trabajando por razones económicas y de sentido.

El fenómeno tiene varias lecturas prácticas. Primero, un Chile que envejece empuja la oferta laboral en un segmento que, por lo general, está cerca de la edad legal de pensión: 60 años para las mujeres y 65 años para los hombres. Eso convierte la pérdida de empleo en un riesgo directo para los ingresos de los hogares, porque volver a insertar a alguien de 60 años en una profesión con sueldo equivalente no es lo mismo que para alguien de 30.

Segundo, la combinación de más competencia por empleos y posibles prejuicios por edad reduce la movilidad laboral. Es como si el mercado tuviera menos sillas y además algunos jugadores no fueran permitidos sentarse. Para quienes están ocupados pero buscan mejorar salario, la intención de cambiar puede quedar frenada por la percepción del empleador.

Desde la perspectiva de políticas públicas, esto empuja a dos frentes: adaptar programas de reconversión y capacitación para mayores de 55 años, y revisar incentivos laborales para que las empresas contraten o mantengan a trabajadores mayores. También abre preguntas sobre la sostenibilidad de los ingresos antes de la pensión, y sobre cómo ajustar políticas de empleo activas cuando la composición etaria de la fuerza laboral cambia tan rápido.

En resumen, el zoom del OCEC UDP con datos del INE muestra que el envejecimiento de la fuerza laboral en Chile no es solo demografía, es un cambio que ya está afectando cuánto y cómo trabajan las personas mayores de 55 años. Queda por ver si las medidas de capacitación, ajustes en contratos o incentivos a la contratación conseguirán amortiguar ese golpe antes de que más hogares sientan el impacto en su bolsillo.