Un análisis del Massachusetts Institute of Technology, MIT, proyecta que la expansión de la inteligencia artificial generativa podría impulsar el consumo eléctrico de centros de datos hasta unos 1.050 teravatios-hora en 2026, y requerir grandes volúmenes de agua para refrigeración, hasta dos litros por cada kilovatio-hora usado, si no cambian las prácticas actuales (MIT Technology Review, 2024). ESET Latinoamérica advierte que, aunque la IA puede ayudar al medio ambiente si se usa responsablemente, su despliegue masivo también tiene costos ambientales directos (ESET Latinoamérica, 2024).
Contexto científico IA generativa se refiere a modelos que crean texto, imágenes, audio o código. Estos modelos requieren grandes centros de datos, servidores y chips especializados para entrenarse y funcionar. La construcción y operación de esa infraestructura consume electricidad y, en muchos diseños de refrigeración industrial, cantidades significativas de agua. La Agencia Internacional de la Energía, IEA, ha señalado que el impacto futuro depende tanto de la tasa de adopción de IA como de mejoras en eficiencia energética y en la matriz de generación eléctrica (International Energy Agency, 2023).
En Chile casi la mitad de la población ya usa IA en su vida cotidiana, según la II Encuesta de Percepción Social de la Inteligencia Artificial en Chile 2024 de la Universidad Autónoma de Chile: 48% dice usarla, 37% no, y 16% no está seguro de haberla usado. Entre jóvenes de 18 a 35 años el uso llega a 65%, mientras que entre mayores de 55 años es 33% (Universidad Autónoma de Chile, 2024). Esto significa que la demanda local y los servicios en la nube pueden crecer rápido.
Hay dos riesgos concretos para el país. Primero, muchas infraestructuras se sitúan en zonas con estrés hídrico. La Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas documenta condiciones de escasez en regiones del norte, donde además hay intensa actividad minera. Segundo, Chile es uno de los principales productores de litio, un insumo clave para baterías; la extracción de litio y otros metales como el cobalto tiene efectos ambientales y de consumo de agua que deben considerarse en la cadena de suministro de la IA (United States Geological Survey, USGS; Dirección General de Aguas, MOP, Chile).
Qué dicen los especialistas "Desde el sector de ciberseguridad, nuestra preocupación se extiende más allá de la protección de datos y el bienestar digital; incluye también el trato que le estamos dando a nuestro planeta Tierra y el gasto de recursos necesarios al utilizar de forma desmedida la tecnología", señaló Martina López, investigadora de seguridad informática de ESET Latinoamérica. Esto resume la doble cara de la IA: beneficios operativos y riesgos ambientales.
Opciones para mitigar el impacto Las políticas y las empresas pueden reducir la huella mediante medidas probadas: mejorar la eficiencia energética de centros de datos, optimizar modelos (por ejemplo, modelos más livianos o técnicas de compresión), usar sistemas de enfriamiento que minimicen agua, reutilizar calor residual y abastecerse con energía renovable mediante contratos de suministro a largo plazo. La IEA y otros organismos recomiendan combinar innovación tecnológica con regulaciones y transparencia en las emisiones y consumo de recursos (IEA, 2023).
Perspectiva para Chile La decisión sobre dónde ubicar centros de datos, qué tipo de refrigeración usar y cómo asegurar cadenas de suministro responsables es tanto técnica como política. Para Chile esto implica coordinar planificación territorial, la gestión del recurso hídrico, y el impulso a energías renovables donde el país tiene ventaja, como la solar en el norte. Instituciones públicas, empresas tecnológicas y reguladores deben medir y reportar consumo energético y uso de agua, para que la IA aporte sin trasladar la factura ambiental a comunidades vulnerables.
Conclusión La IA tiene potencial para aportar soluciones ambientales, pero su expansión masiva puede aumentar la demanda de energía y agua en forma que afecte ecosistemas y comunidades. Las proyecciones como la del MIT son alertas sobre un camino posible. Evitarlo depende de políticas públicas claras, transparencia y adopción de prácticas sostenibles por parte de empresas y proveedores de servicios digitales.
Fuentes: MIT Technology Review (Massachusetts Institute of Technology), ESET Latinoamérica, II Encuesta de Percepción Social de la Inteligencia Artificial en Chile 2024 (Universidad Autónoma de Chile), International Energy Agency, United States Geological Survey, Dirección General de Aguas, Ministerio de Obras Públicas de Chile.
