La noche inaugural del Festival de Viña del Mar 2026 se vivió en la Quinta Vergara con una obertura centrada en la música latina y protagonizada por voces chilenas, en un gesto que buscó enlazar pasado y presente de la canción popular.
El primero en aparecer fue Nico Ruiz, cantante chileno, quien interpretó El tiempo en las bastillas, el célebre tema con el que el cantautor chileno Fernando Ubiergo ganó el Festival en 1978. La elección de esa canción colocó desde el inicio una referencia histórica, como un guiño a la tradición festivalera que sigue formando parte del imaginario nacional.
Le siguió Cami, nombre artístico de Camila Gallardo, cantante chilena que ofreció una versión potente de Si somos americanos. Su interpretación fue una declaración de intenciones: reivindicar la identidad latinoamericana desde una estética contemporánea, sin perder el pulso de la canción de autor que la sostiene.
El cierre de la obertura corrió por cuenta de Princesa Alba, cantante chilena que transformó la icónica Conga en una pieza dance moderna, donde el ritmo urbano y la coreografía acompañaron a una puesta escénica más cercana al pop global. En las primeras filas estuvo Emilio Estefan, productor y músico cubano-estadounidense, cuya presencia subrayó el interés internacional por las nuevas corrientes de la música latina.
La secuencia, que fue aplaudida por un público entregado, dejó en evidencia la tensión creativa que hoy atraviesa la escena chilena: por un lado, la herencia de los grandes festivales y los cantautores clásicos; por otro, la emergencia de artistas urbanos y pop que reescriben esos repertorios para nuevas generaciones.
Más allá del momento puntual, la obertura funciona como mapa: muestra quiénes marcan el pulso de la música nacional y cómo el Festival de Viña sigue siendo, para Chile y Latinoamérica, una vitrina donde convergen memoria, comercio cultural y búsqueda de nuevas audiencias. Quedan por delante las noches de competencia y los conciertos principales, pero la apertura ya sirvió para señalar un rumbo, entre lo patrimonial y lo efervescente, de la música que hoy reclama espacio en la región.
