Tomás González volvió a la elite en la Copa del Mundo de Cottbus, en Alemania, y terminó noveno entre 34 competidores, con 13,500 puntos. Quedó a 0,033 del último cupo a la final y figura como primer reserva.
El relevo a la competencia viene después de casi cinco años sin presentarse en pruebas internacionales. El kazajo Dimitriy Patanin ocupó el octavo puesto con 13,533, por lo que la diferencia fue mínima. González publicó en Instagram, la red social, "Inmensamente feliz por representar a Chile nuevamente en el circuito mundial y haber obtenido 13.500 puntos", junto a un video de su rutina.
La Copa de Cottbus es parte del circuito de la Federación Internacional de Gimnasia, conocida por sus siglas en inglés FIG, y funciona como banco de pruebas para atletas que buscan ritmo competitivo. En ese marco, la actuación de González demuestra que mantiene nivel de dificultad y limpieza en elementos clave, aunque pequeños detalles en la ejecución y el aterrizaje lo dejaron fuera por centésimas.
Desde el punto de vista técnico, la lectura es clara: la puntuación refleja una rutina competitiva, pero requiere ajustes finos en la ejecución para recuperar esos 0,033 que separaron de la final. Para un gimnasta de 40 años que vuelve tras una larga pausa, el margen es alentador y ofrece datos concretos al equipo técnico para planificar carga, dificultad y repeticiones en próximas competencias.
Para la gimnasia chilena, su regreso no es solo un resultado, es experiencia en pista internacional. Esta presentación en Cottbus le da a González y a su cuerpo técnico un termómetro objetivo de su estado competitivo, útil de cara a los próximos eventos del circuito mundial y a las metas que se propongan en el calendario internacional.

