En Madrid, conductores y trabajadores que dependen del automóvil denuncian subidas importantes en las estaciones de servicio tras el ataque del 28 de febrero que reavivó el conflicto en el golfo Pérsico. Los usuarios cuentan que llenar el tanque pasó de ser un gasto previsible a una partida que complica el presupuesto mensual.
El aumento se percibe en los paneles luminosos de las gasolineras de la ciudad. Francisco Javier González, comerciante español de 62 años que recorre entre 700 y 1.000 kilómetros semanales por su trabajo, relata que la semana pasada llenar el depósito le costaba 55 euros y que esta semana pagó 70 euros. "Indignación y cabreo", dice al describir lo que siente tras pasar por la caja.
Según la actualización más reciente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España, el cierre del paso por el Estrecho de Ormuz, la vía marítima entre Irán y Omán por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial, ha disparado la volatilidad en los mercados. El barril de referencia internacional, el Brent, superó los 100 euros y los precios en surtidor subieron notablemente.
El texto del ministerio indica que, desde que se intensificó el conflicto en la región, el diésel ha experimentado un alza sustantiva y la gasolina también ha subido. En estaciones concretas de Madrid se ven precios de ejemplo como 1,829 euros por litro para diésel y 1,715 euros por litro para gasolina, mientras que en estaciones de bajo costo los niveles son algo menores.
Miguel Ángel González, jefe de obra en la constructora Gruconsa, recorre a diario varios frentes de trabajo y calcula entre 200 y 300 kilómetros por jornada. Explica que no tiene alternativa al vehículo y que estas subidas significan menos margen para otros gastos: un trabajador que depende del auto termina resignando parte de su sueldo para combustible.
A nivel global, la interrupción del tránsito por el Estrecho de Ormuz y la escalada de tensiones en el golfo Pérsico elevan el riesgo de nuevas subidas. La dinámica es comparable a cerrar una arteria principal de una ciudad: si no llega el suministro, el resto de la red se congestiona y el precio sube.
Para Chile, donde una parte significativa de los combustibles es importada, el alza internacional del crudo suele trasladarse a los surtidores con semanas de retraso y puede presionar los precios locales. No obstante, la magnitud del efecto en el mercado chileno depende de factores como contratos de importación, reservas de stock y la evolución del tipo de cambio, datos que hoy no están completamente definidos.
En lo inmediato, los conductores sin alternativa de transporte —comerciales, trabajadores de obra y repartidores— son los que sienten el mayor impacto en el bolsillo. Si la situación en el golfo Pérsico no se normaliza, es probable que la volatilidad de los combustibles se mantenga y que los consumidores vean más meses con aumentos o con oscilaciones bruscas en el precio.
Las próximas semanas serán clave: los mercados observan si habrá aperturas del paso marítimo, intervenciones de reservas estratégicas por parte de países consumidores, o medidas gubernamentales para mitigar el traspaso del precio internacional a las estaciones de servicio. Mientras tanto, para muchos usuarios el efecto ya es tangible en la cuenta bancaria diaria.

