El cobre avanza hacia los 7 dólares por libra, un umbral que marca un nuevo capítulo para el metal rojo. Nicolás Muñoz, Copper Supply Analyst de CRU, una de las principales consultoras mineras a nivel global, explica que la geopolítica y la incertidumbre internacional pueden acelerar decisiones sobre seguridad energética, redes eléctricas, almacenamiento y diversificación de infraestructura, aumentando la intensidad de uso de cobre. pueden acelerar decisiones sobre seguridad energética, redes eléctricas, almacenamiento y diversificación de infraestructura, aumentando la intensidad de uso de cobre.
El precio del cobre no ha dejado de registrar niveles elevados este 2026. Si a fines de 2025 superó los 5 dólares por libra, celebrando la bonanza tanto para la industria como para las arcas fiscales, el rally actual, por encima de 6 dólares, abre un escenario completamente nuevo que podría incluso llevarlo a 7 dólares. Según Muñoz, la combinación de una demanda ligada a electrificación, redes, renovables y centros de datos con una oferta con mayores desafíos para crecer ha elevado el piso de precios relativo. En ese sentido, el cobre sigue siendo un mercado cíclico, sensible a la actividad económica global, por lo que 5 dólares por libra refleja una mezcla de fundamentos de largo plazo y volatilidad de corto plazo.
La geopolítica ya se siente en el mercado del cobre de varias formas. Puede influir en el comercio, los costos logísticos, la confianza de inversión y las decisiones de abastecimiento de las cadenas industriales. En un mercado tan interconectado, cualquier tensión relevante genera primas de riesgo, mayor volatilidad y, en algunos casos, cambios en los flujos comerciales. Además, refuerza la idea de que la seguridad de suministro se ha convertido en un tema central para los consumidores.
¿Se observa a largo plazo una tendencia de mayor electrificación que favorezca al cobre? Sí, la tendencia de electrificación de largo plazo sigue vigente, respaldando una demanda estructural para el metal en el horizonte. En Chile, que es el mayor productor de cobre del mundo, este escenario tiene implicancias directas: precios altos pueden fortalecer la recaudación por ventas mineras y el saldo de exportaciones, pero también exigen inversiones en capacidades productivas y en la cadena de suministro nacional para responder a un mercado global más exigente. En ese contexto, la lectura de CRU, aplicada a un Chile que depende fuertemente del cobre, aporta una referencia clave para entender el próximo año y sus posibles impactos en la economía local.
