En la Comisión de Hacienda de la Cámara, tras 15 horas de debate, el despacho de la megarreforma por parte del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se convirtió en su mayor triunfo legislativo hasta la fecha. El corazón del megaproyecto, que incluye la rebaja de impuestos a las empresas y la reintegración del sistema tributario, recibió el visto bueno de una base clave y abre la puerta a que la Sala vote el proyecto en los próximos días. A diferencia de gestiones anteriores, la negociación central recayó en Quiroz, mientras otros actores, como el ministro del Interior, Claudio Alvarado, y el ministro secretario general de la Presidencia, José García Ruminot, mantuvieron puentes con la Democracia Cristiana y con fuerzas de centroizquierda, según señalamientos de distintos parlamentarios. En ese contexto, Álvaro Ortiz, presidente de la Falange, indicó que el apoyo ya está asegurado para la parte central del proyecto, aunque el pulso político dentro de la coalición siga vigente.

La trastienda política dejó claras fisuras en la coalición. Roces entre la UDI y RN, y una relación quebrada entre los diputados Bianchi y Romero, emergieron como resistencias internas difíciles de zafar. A ello se suma la fricción con la DC, que ha exigido garantías y ajustes para sostener su apoyo. En la Cámara, los apoyos ya prometidos incluyen 13 votos para los ejes centrales y, además, tres respaldos para la idea de legislar por parte de Cristián Contreras, Jaime Mulet y René Alinco, lo que da una base suficiente para avanzar, siempre que se mantenga la disciplina de votación y se gestionen las indicaciones.

El propio Quiroz ha advertido que no mira el proceso con triunfalismo, y que el camino podría extenderse si la oposición decide presentar una oleada de indicaciones para dilatar la discusión. De hecho, la votación está programada para martes 19 y miércoles 20 de mayo, con la posibilidad de desdoblarse hasta la madrugada del jueves 21 si persiste la presión de esas indicaciones, según el calendario legislativo. En ese marco, dos artículos cayeron, otro fue retirado y un cuarto quedó en stand by, dejando el texto final en una fase de ajustes, sin haber perdido de vista el objetivo de su núcleo: reactivar la economía y fortalecer la recaudación para sostener la reconstrucción.

La lectura de este episodio no es menor para la gobernabilidad del oficialismo. El triunfo parlamentario de Quiroz marca un precedente histórico en la gestión económica del gobierno de José Antonio Kast y, a la vez, revela las fragilidades internas que podrían condicionar futuras negociaciones con el arco político. En el corto plazo, la ciudadanía deberá evaluar qué impacto real tendrá la reducción de impuestos para las empresas y cómo se equilibra la inversión en reconstrucción con la sostenibilidad fiscal, especialmente en un contexto de menores ingresos fiscales por este giro tributario. Si el proyecto avanza con estas tensiones internas, el próximo tramo de votaciones podría definir no solo la suerte de esta medida, sino la cohesión misma del oficialismo frente a futuros desafíos de gobernabilidad.