Faltan 10 días para el traspaso de mando, programado para el 11 de marzo, y la senadora por Atacama, Yasna Provoste (Democracia Cristiana), entregó a El Mercurio un balance crítico de la administración de Gabriel Boric.
Provoste situó el punto de inflexión en el plebiscito de 2022, y sostuvo que esa derrota inicial condicionó el diseño con que se instaló el gobierno. En sus palabras, "el gobierno del presidente Boric tuvo un problema de origen que nunca pudo superar", lo que, según ella, derivó en años de reconfiguraciones y en la imposibilidad de consolidar un proyecto país mayoritario.
La senadora enumeró lo que calificó de errores internos, entre ellos el viaje de Izkia Siches a Temucuicui, la polémica por balones de gas rosados, la compra de la casa de Salvador Allende, el caso de Fundaciones y la controversia por el proyecto de un cable con China Mobile, empresa telecomunicaciones china. En ese último punto, La Moneda negó ocultamiento y aseguró que el proyecto estaba en fase inicial, pese a que, según reportes, la concesión fue firmada el 27 de enero.
Provoste reconoció avances legislativos, como la reforma de pensiones y la ley de 40 horas, pero afirmó que su imagen final es la de "un gobierno improvisador, poco efectivo y poco transparente". Para la senadora, la principal debilidad fue la gestión, no la intención de políticas específicas.
Sobre el futuro Gobierno de José Antonio Kast, Provoste dijo que Chile necesita acuerdos de largo plazo, políticas de Estado que no cambien con cada administración. Advirtió que gestos ideológicos en la agenda internacional pueden poner en riesgo 35 años de progreso económico, y declaró su disposición a contribuir a acuerdos que protejan la apertura comercial y la actividad exportadora.
También instó a la oposición a ser "más seria y más flexible", combinando la urgencia en seguridad con cautela para resguardar derechos sociales y principios democráticos.
Provoste ubica el antecedente inmediato en la derrota del plebiscito de 2022, lo que explica por qué su evaluación enfatiza incapacidad de liderazgo y reacción a crisis más que un programa coherente. Quien gana con este diagnóstico político es la oposición que llega con mayores expectativas de cambio; quienes pierden son los partidos que sostuvieron al gobierno en los últimos tres años, y en último término los ciudadanos, por la volatilidad en políticas públicas y la percepción de baja eficacia administrativa. El traspaso de mando del 11 de marzo marcará si hay espacio para acuerdos transversales o si se profundiza la fragmentación política que, según Provoste, condicionó al gobierno saliente.