Un sondeo realizado por Descifra y La Tercera, con una muestra de 600 casos, entrega esta semana una radiografía del vínculo que mantienen los chilenos con el Festival de Viña del Mar, que comienza este domingo 22 de febrero y se extenderá hasta el viernes 27. El estudio confirma que el certamen sigue siendo el epicentro de la conversación pública y de la industria del espectáculo en Chile y en buena parte de Latinoamérica.

Según la encuesta, 85% de los consultados declara que verá la edición LXV, ya sea completa (28%) o solo algunas noches (57%). Entre quienes planean sintonizarlo (513 casos), el principal motivo de seguimiento son los artistas programados, seguido por el humor. "El atractivo está en la oferta artística concreta", resume el patrón de consumo: la audiencia elige noches según la cartelera más que por polémicas.

Entre quienes no verán el festival (87 casos), las razones responden a afinidades con la parrilla, condiciones de consumo o hábitos personales: 27% dice que no le gustan los artistas y humoristas, 16% prefiere otras actividades, 15% manifiesta falta de interés general y 10% no ve televisión.

El sondeo también recoge críticas claras. Más de la mitad de los consultados considera que la Gala no aporta a la ciudadanía, y hay reclamos reiterados sobre el precio de las entradas, un tema que vuelve a tensionar la discusión sobre acceso y popularidad del evento. Esa queja sobre costos conecta con debates más amplios sobre la democratización de los grandes espectáculos en Chile.

En la evaluación artística, destaca Gloria Estefan, cantante cubano-estadounidense conocida por su trayectoria con Miami Sound Machine y su influencia en el pop latino, quien aparece como la mejor artista según la percepción pública. Sin embargo, la encuesta proyecta que Mon Laferte, cantautora chilena, será el mayor éxito comercial y popular de la edición, el punto de encuentro entre el reclamo identitario y el fervor masivo.

En la zona humorística, Stefan Kramer, humorista e imitador chileno, figura como el preferido entre los invitados, consolidando su capacidad para conectar con audiencias diversas. Ese liderazgo en comedia confirma la importancia del humor en la estructura del festival, tanto para audiencias jóvenes como para sectores que siguen la cita por tradición.

Viña vuelve a mostrarse como un espejo: convoca adhesiones masivas pese a la fragmentación de audiencias y a las críticas puntuales, y al mismo tiempo reabre preguntas sobre quién puede acceder a esos encuentros culturales y qué tipo de espectáculo representa a la escena nacional. En los próximos días, la atención pública y mediática se concentrará en la Quinta Vergara, donde las discusiones sobre programación, precios y representación cultural tendrán su pulseada más visible.