Este lunes el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció que el subsecretario Christopher Landau viajará a Santiago con el mandato de reiniciar la relación bilateral, en el contexto del reciente cambio de mando presidencial en Chile.

La visita llega después de un período de tensiones entre ambos gobiernos. Durante la administración saliente hubo declaraciones críticas del presidente Gabriel Boric, y episodios diplomáticos que enfriaron el vínculo con Washington, como el conflicto abierto con Israel y sanciones migratorias aplicadas por Estados Unidos a funcionarios chilenos tras advertencias sobre riesgos vinculados a la construcción de un cable submarino de origen chino.

Esos incidentes se sumaron a retrasos en negociaciones para mitigar efectos de medidas arancelarias aplicadas por Estados Unidos en años anteriores, y complicaron la coordinación en materias de comercio y seguridad. Según el Departamento de Estado, Landau tendrá como objetivo sentar las bases para avanzar en prioridades compartidas, mejorar la asociación en seguridad, fortalecer las cadenas de suministro y expandir los lazos comerciales para atraer inversión estadounidense.

El viaje también debe entenderse en un contexto global de rivalidad entre Estados Unidos y China, que ya se expresa en sectores estratégicos como tecnología, infraestructura digital, minería y cadenas de suministro. Para un país abierto al comercio como Chile, que es un gran productor de cobre y litio, esa competencia impone la necesidad de equilibrar vínculos sin elegir de modo exclusivo a uno u otro socio.

En Santiago la expectativa es que el nuevo Gobierno defina rápidamente su hoja de ruta externa: para los sectores empresariales la normalización con Washington puede acelerar inversión y proyectos en minería y tecnología; para actores políticos y sociales habrá preocupación por mantener autonomía estratégica y criterios de seguridad nacional.

La visita de Landau, cuya agenda aún no ha sido detallada públicamente por la Cancillería chilena, será la primera señal concreta de cómo se materializará ese reencuentro diplomático y qué prioridades quedarán efectivamente sobre la mesa. Los próximos pasos determinarán si el impulso se traduce en acuerdos prácticos de comercio, inversiones y coordinación en materias de seguridad hemisférica.