El martes, el Departamento de Defensa de Estados Unidos publicó imágenes sin clasificar de ataques contra embarcaciones que atribuye a Irán en aguas próximas al estrecho de Ormuz, y afirmó haber destruido 16 embarcaciones dedicadas al sembrado de minas, según la versión oficial.

La operación ocurre después de reportes, citando a fuentes de inteligencia por la cadena estadounidense CNN, que señalan que Irán habría colocado varias decenas de minas en los últimos días y dispone de capacidad para sembrar centenares más. El estrecho de Ormuz es una vía marítima estratégica por la que, según estimaciones internacionales, pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, por sus siglas en inglés IRGC, había advertido días antes que no permitiría la salida de “ni una lata de petróleo” si continuaban los ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel, en una alusión a los recientes bombardeos que, según la administración estadounidense, fueron dirigidos contra instalaciones iraníes 11 días atrás. Desde entonces, varios envíos de petróleo quedaron bloqueados en la zona, lo que provocó una fuerte volatilidad en los mercados energéticos.

La crisis diplomática se enredó con mensajes públicos contradictorios. Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, publicó en la red Truth Social que si Irán había colocado minas, debían ser retiradas de inmediato. Menos de dos horas después, el Pentágono difundió el material audiovisual de la acción militar. Por otro lado, Chris Wright, identificado en el artículo como secretario de Energía de EE.UU., publicó en la plataforma X que la Marina estadounidense había escoltado un petrolero a través del estrecho; ese mensaje fue borrado rápidamente, provocando una caída de hasta 19% en los futuros del crudo estadounidense y la pérdida de 84 millones de dólares en la capitalización de un fondo cotizado ligado al petróleo, según reportó el diario Wall Street Journal. Funcionarios de la administración estadounidense dijeron luego que la publicación de Wright estaba “incorrectamente rotulada”.

Desde Teherán, un vocero del IRGC, Ali Mohammad Naini, negó que hubiese ocurrido una escolta estadounidense y advirtió que "cualquier movimiento de la flota estadounidense y sus aliados será detenido por nuestros misiles y drones", según medios estatales iraníes. En una rueda de prensa del Departamento de Defensa, el general Dan Caine, identificado en el reporte como el principal oficial militar estadounidense, señaló que se están evaluando varias opciones para garantizar la seguridad del tránsito marítimo.

Las versiones disponibles combinan declaraciones oficiales, publicaciones en redes sociales y reportes de inteligencia de medios; hay elementos aún no plenamente verificados en terreno sobre el número exacto de minas colocadas y la escala operativa iraní, lo que mantiene altos los márgenes de incertidumbre.

A nivel geopolítico esto agrava la confrontación indirecta entre Estados Unidos e Irán, con Israel como actor mencionado en los intercambios de represalias, y pone en relieve los riesgos que enfrenta la libertad de navegación en un corredor clave para la economía global. La situación también tensiona las cadenas de suministro energéticas y eleva el costo del aseguramiento del transporte marítimo, factores que alimentan la inflación global.

Para Chile y América Latina la repercusión es palpable, aunque indirecta. Un salto en los precios del petróleo y la incertidumbre en los mercados elevan los costos de importación de combustibles y los insumos energéticos que afectan la industria minera y el transporte, presionando la inflación local. Además, un aumento prolongado en primas de seguro y fletes podría encarecer exportaciones e importaciones. En el plano diplomático, la crisis obliga a los países latinoamericanos a calibrar posiciones entre llamados al diálogo y la protección del comercio internacional.

La situación en el estrecho de Ormuz seguirá siendo un termómetro de riesgo global en las próximas horas y días. Las claves a observar son las confirmaciones independientes sobre el minado, nuevas acciones militares o escoltas navales, y la reacción combinada de actores como la Unión Europea, países del Golfo y los mercados energéticos, cuyos movimientos determinarán el impacto económico en Chile y el resto del mundo.