El presidente Gabriel Boric, presidente de la República de Chile, se pronunció hoy tras la grave escalada militar en el Medio Oriente, luego de ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y las represalias iraníes. Su declaración pública siguió al comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, conocido como Cancillería.

La reacción oficial detalló la gravedad de los hechos: según reportes citados por el Gobierno, los ataques de la alianza liderada por Estados Unidos y con participación de Israel habrían provocado 201 muertos y 747 heridos, muchos de ellos menores de edad tras el bombardeo a un colegio de niñas. La respuesta de Irán causó 9 muertos y 121 heridos en Israel, siempre según las fuentes referidas por el Ejecutivo chileno.

En su mensaje difundido en la red social X, Boric afirmó que “tal como los ataques unilaterales de EEUU a Irán son inaceptables, también lo son los de Irán a países del Medio Oriente” y agregó que “nada justifica la opresión del régimen iraní contra su propio pueblo y las masacres perpetradas las últimas semanas, además de la permanente discriminación a las mujeres”. Cerró su intervención con la frase “no tenemos por qué aceptar elegir entre barbaries” y un llamado al respeto irrestricto de los derechos humanos y del derecho internacional.

Antes del pronunciamiento del Presidente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile publicó un comunicado en el que expresó preocupación por la escalada y condenó tanto los ataques contra Irán perpetrados por Estados Unidos en conjunto con Israel, como la respuesta del régimen iraní contra Israel y países del Golfo. El texto llamó a detener la violencia, asegurar la protección de la población civil y reiteró el compromiso de Chile con la no proliferación nuclear.

El comunicado también recordó la adhesión de Chile a los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en referencia al marco del derecho internacional humanitario y al respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados. Naciones Unidas, la organización internacional creada tras la Segunda Guerra Mundial, es mencionada implícitamente como fundamento de esa postura.

Históricamente, Chile ha tendido a privilegiar el multilateralismo y la defensa del derecho internacional en sus relaciones exteriores. En ese contexto, la postura oficial actual mantiene esa línea, al condenar la violencia estatal y subrayar la protección de civiles. La declaración busca equilibrar dos exigencias: cuestionar acciones militares externas y denunciar violaciones a derechos dentro de Estados como Irán.

Políticamente, la situación complica la agenda internacional. Quien más pierde es la población civil de la región, expuesta al aumento de la violencia y a crisis humanitarias. Quienes pueden sacar ventaja son actores que buscan justificar medidas de seguridad estrictas o ampliar apoyos internacionales frente a amenazas. Para Chile, la mayor consecuencia práctica es diplomática: el Gobierno reafirma su rol como actor que llama a la contención y a canales multilaterales para la resolución de conflictos.

En lo inmediato, la Cancillería y La Moneda optaron por una postura que combina condena de los ataques y llamado a respeto de derechos humanos. Las próximas semanas estarán marcadas por la evolución del conflicto en el terreno, la respuesta de organismos multilaterales y la posibilidad de nuevas sanciones o esfuerzos de mediación. Para la ciudadanía chilena, el impacto directo es limitado por la distancia geográfica, pero la crisis tiene implicancias en seguridad internacional, en flujos humanitarios y en la estabilidad de un mercado global ya tensionado.