El lunes, el expresidente y candidato republicano Donald Trump dijo en una entrevista con la cadena CNN (Cable News Network) que la "gran ola" de la respuesta militar de Estados Unidos en la confrontación con Irán "aún no ha llegado" y que "ni siquiera hemos empezado a golpearles con fuerza". En esa misma conversación, Trump afirmó que EE.UU. no sabe quién será el nuevo líder de Irán tras lo que calificó como el asesinato del líder supremo, al ayatolá Alí Jamenei, una versión que no ha sido confirmada por agencias internacionales.
La declaración se produce en medio de una escalada en la retórica entre Washington y Teherán, y cuando Reuters reportó que varios funcionarios estadounidenses de alto rango siguen siendo escépticos respecto a que una operación militar conduzca a un cambio de régimen a corto plazo. Ese escepticismo refleja la complejidad de enfrentarse a la estructura política iraní, donde el poder formal recae en el líder supremo y donde el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, conocida por sus siglas en español como la Guardia Revolucionaria, tiene influencia política y militar significativa.
El aumento de tensión ya ha tenido efectos financieros: Wall Street cerró en rojo y el precio del petróleo subió tras nuevos episodios de confrontación, movimientos que preocupan a inversores chilenos y latinoamericanos. Un alza del petróleo empuja los costos de importación de energía para países como Chile y puede presionar la inflación local, además de introducir mayor volatilidad en los mercados de commodities que llaman la atención de fondos y AFP.
En el plano regional, la situación puede activar a actores estatales y no estatales. Israel y Arabia Saudita son aliados clave de EE.UU. en la zona, mientras que milicias respaldadas por Irán, como Hezbolá en el Líbano, han sido identificadas repetidamente por analistas como elementos que podrían ampliar un conflicto. Esa dinámica multipolar y por sectores complica una salida rápida y aumenta el riesgo de incidentes en rutas marítimas del petróleo, lo que a su vez afecta la economía global.
La frase de Trump sobre no conocer al líder iraní subraya también un problema diplomático: la incertidumbre sobre la sucesión o la estabilidad política en Teherán alimenta la volatilidad internacional y obliga a gobiernos, entre ellos el chileno, a monitorear la seguridad de ciudadanos y activos. Ya hay señales de movimientos preventivos: países como Suecia y Serbia pidieron a sus nacionales salir de Irán ante el riesgo de ataques, según reportes recientes.
A corto plazo, analistas y funcionarios destacados en EE.UU. sostienen que una escalada militar no garantiza un cambio de régimen y que las consecuencias económicas y geopolíticas pueden ser prolongadas. Para Chile, el impacto más directo será económico, por mayores precios de la energía y mayor nerviosismo en los mercados, pero también diplomático, por la necesidad de coordinar evacuaciones y advertencias consulares si la situación se deteriora más.

